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INDICADORES DE EVOLUCIÓN EN EL PSICOANÁLISIS DE LA PERVERSIÓN* Autor: Moguillansky, Rodolfo Recibido el 10 de marzo de 2005 Marco general sobre perversión El psicoanálisis ha realizado un enorme trabajo teórico sobre la perversión, para descifrarla en sus raíces inconscientes, que contrasta con la relativa poca literatura que versa sobre exposiciones clínicas. Sabemos que el método psicoanalítico inicialmente no fue creado para analizar perversos. Su pertinencia en este territorio, para muchos especialistas en la materia, pese a la experiencia que hay en el tema, es todavía algo a demostrar. El juicio definitivo acerca de esta extensión -el psicoanálisis de perversiones- dependerá, en mi opinión, de la acumulación de relatos clínicos y de indicadores de cambio que puedan demostrar que nuestro encuadre provee una herramienta adecuada para abordarla.
La comprensión teórica sobre la perversión ha estado centrada en la escisión del yo (Spaltung) y la desmentida de la castración (Verleugnung) (Freud, 1927; 1938), aunque los textos escritos por autores ulteriores explican de modo diverso por qué los perversos desmienten la castración. Las divergencias a grandes rasgos deslindan: a) El papel de la pregenitalidad (J. Glover, 1924; S. Paine, 1939; W. Gillespie, 1951; H. Rosenfeld, 1965; D. Meltzer, 1972; B. Grumberger, 1976). b) La incidencia del narcisismo (H. Kohut, 1971; J. Chasseguet-Smirgel, 1992; M. Glasser, 1986; J. Maldonado, 1993, 1998, 1999; R. Moguillansky et al, 1991; R. Moguillansky, 1999). Dentro del papel que juega el narcisismo, ocupa un lugar destacado la relación cómplice, secreta e incestuosa, entre el perverso y su madre (P. Aulagnier, 1964; R. Bak, 1968; J. Chasseguet Smirgel,1975). c) El lugar predominante de las ansiedades de separación (S. Ferenczi, 1924; B. Joseph, 1971; D. Meltzer, 1972; H. Etchegoyen, 1970, 1977). d) La erotización prematura del yo como respuesta a una falla ambiental temprana cumpliendo así una finalidad de autopreservación (Winnicott, 1965). Esto también lo enfatiza Joyce McDougall (1972) al abordar la perversión como una neosexualidad. e) Los efectos post-traumáticos (D. Winnicot, 1956; M. Kahn, 1963). Esta comunicación supone que la perversión es una entidad per se, con peculiaridades en la construcción de la fantasía que dilucida la tendencia a materializarse en expresiones perversas de la sexualidad –esto lo mantengo a pesar de lo difícil que es hoy en día delimitar que es “una manifestación perversa de la sexualidad”, sobre todo después de la revolución que trajo la discusión sobre “género”-, más aún, para el autor de esta ponencia, hace a un fenómeno definitorio de la perversión que las haya, lo que lleva a suponer una estructura mental perversa (W. Gillespie, 1956; Lacan, 1956; Piera Aulagnier, 1967, etc.)
La estipulación de que haya manifestaciones perversas de la sexualidad para afirmar que estamos ante una perversión la diferencia de la noción de perversidad que centra la cuestión en el sadismo y la destructividad (Baranger, 1980). Tomo como propias las palabras de Jean Clavreul, (1965-66), en este punto: El “acto perverso” es consumado por sujetos con catectizaciones libidinales, cuyas relaciones con el deseo y con la ley, son profundamente diferentes de las del neurótico; por ello es mejor hablar de “estructura perversa”, en tanto esta permite un acercamiento al problema de la perversión relativamente independiente de la modalidad particular que puede adoptar tal o cual acto perverso (ver más abajo 1-5; i) El análisis de la fantasía perversa. “Pegan a un niño” (1919) indica el inicio del rol explicativo que tiene la culpa, el masoquismo moral y el masoquismo erógeno en la génesis de las fantasías perversas (Freud, 1925). Sin embargo, este análisis de la fantasía sólo da cuenta de una fantasía edípica que se resuelve sintomáticamente en un acto masturbatorio acompañado de una fantasía perversa. La desmentida y la escisión del yo en cambio, al denunciar un funcionamiento psíquico por fuera de la represión permitió esclarecer el pasaje a la acción, masturbatoria o de otra índole. La desmentida de la castración y la escisión del yo dieron las bases definitorias de la diferenciación entre Neurosis y Perversión. Por ejemplo, facilitó la distinción entre actuación perversa y sueño tomando a este último como paradigmático del funcionamiento neurótico (R. Moguillansky et al, 1991; R. Moguillansky 1999). La actuación perversa se acompaña de modos singulares de funcionamiento mental, fenomenológicamente detectables en la situación analítica, lugar en donde debemos validar nuestra observación: a) El poder omnipotente que en la actuación perversa se ejerce sobre los otros, con la pérdida consiguiente de autonomía e independencia. b) Las perturbaciones pragmáticas de la comunicación (David Liberman, 1971)
c) El ataque a la verdad (1) que ha enfatizado Meltzer (1973), al igual que las ya clásicas exposiciones de H. Rosenfeld (1950, 1987) con el papel que juega la confusión. d) J. P. Jimenez (2004) ha resaltado cómo en la mente del analista aparece una dificultad en el establecimiento y mantenimiento del acuerdo intersubjetivo básico que sustenta la relación psicoanalítica. Advierte que esta dificultad no depende en última instancia de problemas contratransferenciales no resueltos por parte del analista, sino que constituye el rasgo característico y esencial del tipo de relaciones intersubjetivas que el paciente perverso establece. e) La confusión de identidad y de zonas erógenas ligándola a una experiencia de terror y a la par remarcó la exaltación de la sexualidad pregenital y el sentimiento de triunfo sobre la genitalidad (D. Meltzer, 1968)
f) En el proceso de comparación de sí mismo del perverso con el otro, las desemejanzas le resultan intolerables, sobre todo las derivadas de las diferencias sexuales, siendo esto uno de los motores de la actuación. En este proceso se altera el sentimiento de sujeción a un orden inconsciente, no se siente determinado por él. g) La idealización de conductas encubiertas con una ganancia de placer que conducen a un deterioro y pérdida de relación con el objeto, se escinde tanto el yo como el ideal del yo. h) La distorsión en el reconocimiento de los hechos y la desvirtuación de la naturaleza de los objetos (Maldonado, 1998) i) La mala fe (M. Baranger, 1969), la necesidad de engañar (W. Baranger, 1980) y una llamativa falta de sinceridad. En ocasiones está presente también el trasvestismo, j) El no respeto o burla a la ley, “ley” que tiene como protomodelo el imperativo categórico que impone la interdicción del incesto. Este tema en la clínica de la sesión no siempre es fácil de delimitar. k) déficit simbólico en el pensamiento.
Los padres de I me habían consultado porque habían descubierto videos en donde I se había filmado a sí mismo teniendo relaciones sexuales con animales. Como l no aceptaba venir solo a mi consultorio hice una serie de entrevistas familiares; en ellas el tema de los hábitos –o de los malos hábitos- sexuales de I flotaba en el ambiente, pero había una evidente dificultad para abordarlo. Su madre un día, lo increpó, que de esto tenían que hablar e I empezó, con alguna reticencia, a contarles sobre sus sentimientos, sobre lo atractivos que le resultaban los animales. Su padre entonces le pidió más precisiones e I, luego de algunos rodeos, le confesó que había tenido, entre otras, relaciones sexuales con N. (yo al principio no sabía de qué o quién estaba hablando, aunque si percibía la actitud estupefacta de sus padres). Su papá en ese momento, con voz desesperada le dijo ¡cómo hiciste eso! I le contestó tomando como pregunta lo que en rigor era una exclamación de horror, como si lo que le había dicho su padre fuese una pregunta acerca de ¿cómo lo había hecho? y no ¡cómo lo había hecho! y dijo entonces, respondiendo literalmente la presunta pregunta sobre cómo había sido la mecánica para consumar la relación sexual que había dicho que había tenido con N: “me subí arriba de un banquito”. A renglón seguido me aclararon que N era una yegua que tenían en una chacra de la familia. Pensé ante esta viñeta que, si bien es un lugar común que la literalización de una pregunta es un indicador de un pensamiento patognomónico de la psicosis, I no tenía otros trastornos de pensamiento ni tampoco, hasta donde yo me daba cuenta, estaba alucinado. Si se trataba efectivamente de una literalización, I no había percibido el horror de sus padres, y su respuesta era evidencia de un déficit simbólico en su pensamiento. Pero a la vez me había sorprendido el efecto chistoso que había provocado en mí la respuesta de I. Me preguntaba entonces si lo que había dicho I era una literalización, en tanto había suscitado en mí un sentimiento jocoso que tuve que sofocar. Continué preguntándome a renglón seguido, ¿se trataría de una literalización, o de ridiculizar el horror del padre? También medité sobre mi reacción ante esta viñeta: el efecto chistoso que tuvo sobre mí, el cual me costó mucho controlar en el contexto de la entrevista. Indicadores clínicos de evolución en el psicoanálisis de la perversión basados en la experiencia clínica de tres análisis de pacientes perversos (paciente H: Moguillansky, R., 1999; paciente J: Moguillansky, R. et al, 1991; paciente I: Moguillansky, R., 2001). La actuación se hace relato. La actuación perversa, en mi experiencia, consta de una serie de sensaciones voluptuosas, momentos desarticulados, que no guardan relación unos con otros. El paciente en el momento de la actuación suele no tener mucha noticia de ella, al menos en su pensamiento verbal (2).
H. solía - luego de terminar sus tareas, sobre todo si creía que había sido una jornada o una semana exitosa, después de decirse a sí mismo, “te lo tienes bien ganado”, lo que funcionaba como una autorización para “ir al barrio oscuro”- empezar a tomar alcohol, emborracharse. Luego deambulaba por distintos burdeles hasta que finalmente contrataba prostitutas, generalmente dos, a las que disfrazaba con ropas masculinas. Las instaba a mantener juegos sexuales entre ellas, no permitiendo que lo tocaran, y a la vez inhalaba cocaína. Con frecuencia no eyaculaba, no era éste el fin que buscaba. Al volver a su casa, una vez solo, se masturbaba.
*** J. montaba lo que llamaba “el carnaval”: una escenografía que se repetía casi sin variaciones de modo monótono; se situaba frente a un televisor masturbándose por horas, evitando eyacular, mientras veía videos pornográficos a los que manejaba por control remoto. Hace falta saber que esta escena incluía como prerrequisito para su montaje, poliestimularse previamente con cocaína, marihuana y alcohol.
*** Las escenas como las que relaté de H. y J. no eran narrables por ellos en los comienzos de sus respectivos análisis y esto no ocurría sólo por ocultamiento, no tenían palabras para describirlas, transcurrían estas escenas en un espacio extraño al que habitualmente vivían, ajeno aquel en el que dialogaban con otras personas; luego de un largo tiempo de sesiones fueron hablando más de lo que les ocurría en ese otro espacio en el que habitaban, al que parecían ser totalmente ajenos en su pensar diario.
En H. esta falta de memoria no sólo abarcaba su actuación -su estancia en los prostíbulos-, también incluía las horas posteriores, cuando llegaba a su casa y maltrataba verbalmente a su actual mujer. No recordaba al día siguiente lo sucedido, le resultaba totalmente extraño lo que su esposa le reprochaba al despertarse.
Que el paciente se avenga a hablar acerca de su “actuación” en la sesión constituye un momento de inflexión en un psicoanálisis. Costó mucho trabajo en estos análisis encontrar palabras que describieran su experiencia –sobre todo cómo estaban involucrados emocionalmente- y construir con ellas una narración. La escena en todos los casos era una misma configuración que se ensamblaba con iguales características cada vez. Una suerte de acto teatral, una actuación que se repetía mecánicamente. En los análisis se evidenciaba que en la escena se desplegaba un contacto con el mundo signado por una pluriexcitación sensual, que proveía una sensación de saturación sensorial. Ambos se sentían dueños de las personas que los rodeaban, funcionaban como marionetas de cuyos hilos tiraban. En el caso de H, éstas debían montar una escenografía ambigua (3), sin que estuvieran claras las diferencias sexuales. Lo común a ambas es que ciertamente faltaba alegría de vivir y además se suspendían sus ideas y todo transcurría en un tiempo detenido (4).
Los albores del conflicto. Aparece el pudor, la incongruencia consigo mismo (evidencia de un sujeto dividido) y la evidencia del carácter compulsivo de la actuación. J, cuando se comenzó a fracturar su disociación, trajo el siguiente sueño: “Estaba en la antigüedad, en el canal de Suez, a comienzos de siglo. Teníamos un aparato que no podíamos hacer funcionar. Había dos poblaciones en el lado no judío del canal de Suez. Una era Sharm el Sheik y otra más abajo. Yo estaba junto con D. (la persona que lo había iniciado en la escena perversa que él solía desplegar), íbamos de una población a la otra porque en las dos había diferentes corrientes, en una había 220 V. y en la otra 110 V. y las recorríamos con mi coche. No podía enchufar mi aparato”. C es judío. Luego del relato de su sueño, al asociar, percibió que no hay un lado judío del canal de Suez. Sólo lo fue durante la guerra de los seis días. Pudimos vincularlo con una actitud hegemónica de él. Él en su infancia había fantaseado con no ser judío y ser un sheik con mujeres a su disposición, como las que él ilusoriamente tenía con el control remoto al ver las películas pornográficas. La diferencia de voltaje era la expresión de esos dos modos de funcionar, dentro y fuera de la escena, que ahora no podía mantener separados. *** La conmoción ante el insight. La fractura de la Spaltung suele tener como consecuencia una intensa conmoción en la situación analítica, en la relación que mantienen analista y paciente. J. P. Jimenez (2004) nos advirtió que el analista, al poner su mente en contacto con la mente del paciente perverso, suele terminar, una y otra, vez atrapado en una relación dual (6). Al desarmarse la Spaltung (disociación) asistimos a fervorosas tentativas de suturar la brecha que trae el insight sobre el doble modo de ser del paciente perverso y la doble relación que mantiene con el analista. H. solía decir que las prostitutas que contrataba tenían suerte, las trataba bien y además no escatimaba dinero con ellas. La actuación y los sueños. La actuación invade su vida. Un fuerte indicador clínico de cambio en los análisis de perversos es la aparición de sueños Soñar estando en análisis y en presencia de un analista que lo escuchaba, lo puso en contacto con una experiencia emocional diametralmente distinta, en tanto se veía expuesto a algo que se le imponía en su vida mental: los sueños y que no surgía manipulando el control remoto. Eran imágenes que no podía predecir, hacerlas retroceder, congelarlas ni hacerlas desaparecer, y su reacción frente a ellas fue de sorpresa y conmoción. Estoy sugiriendo que el soñar es un paso que va más allá del relato de la actuación, implica una la experiencia emocional que conlleva el tránsito de un lado al otro del Spaltung freudiano. En la misma línea fue importante, como índice de cambio, en el análisis de H. el sueño del “tiovivo”, poco tiempo después que había nacido su hijo. Casi no había hecho referencia al embarazo de su mujer, era un tema de su esposa que a él le resultaba totalmente ajeno. No quiso acompañarla en sus visitas al médico durante el embarazo, ni estar en el sanatorio en el parto, ni en el pos-parto. Sin embargo con la llegada de su hijo a su casa, empezó a hablar más de él y mostrar una preocupación inusitada. A los pocos días contó este sueño: Yo estaba junto con Max (su hijo) y D en un tiovivo o los caballitos. Max era ya un nene más grande, estaba montado en un caballito y al lado estaba D y yo estaba un poco más adelante y veía con preocupación que D le hablaba a Max.... D, por las asociaciones que siguieron, era una condensación del analista y él cuando va al barrio oscuro. El analista era el responsable de haber quebrado en parte la escisión, y abrirle la puerta a D con sus argumentos. Lo sentía entonces al analista como un aliado de H cuando va al barrio oscuro. Se realizaba en el sueño el deseo y la amenaza de que D, el socio, lo convenciera a Max de las maravillas de ser un “tiovivo”, lo ventajoso y divertido que era este movimiento masturbatorio (el subir y bajar de los caballitos), y cómo los problemas tienen una mas fácil solución por la vía del maletín. El despliegue en la situación transferencial y contratransferencial. Luego del sueño de H, el psicoanálisis se volvió para él peligroso, al darle voz en la sesión a los argumentos que se desplegaban en el barrio oscuro, él corría el riesgo de que éstos lo capturaran y tomaran la jefatura de su vida mental. Según H, al analista, por motivos seguramente espurios, sólo le interesaba la continuidad del análisis y se aliaba con D haciendo la vista gorda. Era, así, el responsable de hacerlo claudicar ante sus convicciones. Se desplegaba en la transferencia, resultado de sus mentiras una enorme distorsión. Travistiendo la situación analítica intentaba recuperar el control de su persona y así enfrentar su ansiedad. Esta modalidad de la transferencia fue descrita por Horacio Etchegoyen (1977) con el nombre de Transferencia perversa: con ella se alude al intento del paciente a través de la erotización del vínculo de “pervertir el vínculo transferencial poniendo a prueba la capacidad del analista” (pág.107). Destaca Etchegoyen (íbid) los problemas técnicos que crea la ideología del paciente cuando la usa defensivamente. Con un soporte teórico distinto, Rosolato (1966) sostiene que la perversión (fetichista) entraña siempre una ideología gnóstica concluyendo que la perversión es al gnosticismo como la neurosis obsesiva a la religión ritual. El perverso sustituye la ley del padre por la ley del deseo. Era claro para mí este despliegue en el análisis de H. Aparición de conflictos neuróticos en el material asociativo y en la situación analítica. H, con el correr del tiempo se fue sintiendo mejor con él, recuperando recuerdos de su vida. Se sorprendía de que éstos hubieran permanecido indemnes dentro de él. Esto fue interpretado por el analista como que se sorprendía por tener “más aire” de lo que él suponía, y que podía tener recursos para proteger a sus aspectos infantiles y a su propio hijo de D el “socio” En una de las sesiones de esa época contó: Dentro de este conflicto neurótico se despliega la transferencia paterna. Pocas sesiones después relata que “últimamente tengo dos tipos de sueños: sueños en los que tengo escape y sueños en los que no tengo escape. Anoche soñé que me podía ir a través del agua con una scooter, que tenía una especie de pala (recordar que él llama palla a la masturbación) abajo y iba zigzagueando (era un ejemplo de cuando tenía escape). Contó este sueño dos meses después de la muerte de su padre. La pintura de su padre seguía los cánones del impresionismo y mostraba un desprecio importante por la pintura abstracta. H con frecuencia se había quejado que no conseguía llamar la atención de él. Él, cuando niño, realizaba dibujos geométricos, de líneas claras, no con bordes esfumados como en los cuadros de su padre. Siempre sus dibujos eran escenas de guerra que su padre miraba con desagrado. Su hermano en cambio era claramente distinguido por su padre. Con los años, su hermano devino un muchacho pasivo, homosexual. En su adolescencia, en un viaje a Berlín, vio por primera vez la obra de Kandinski, no le gustó especialmente, ni tuvo la sensación que le dijera algo a él pero decidió que este iba a ser su pintor favorito, con la sensación de que estaba eligiendo algo que era lo que más le desagradaba a su padre. Pudimos entonces conectar la predilección de H por mujeres que encubrían una secreta relación con hombres admirados por él, temía que su admiración y su deseo de sentirse protegido por un hombre lo precipitaran en un destino similar al de su hermano. El desafío a su padre estaba asociado a un intenso rencor por no haber llamado su atención y haberse sentido traicionado con la aparición de tantos hermanitos y a la vez era un reaseguro para no caer en un sometimiento pasivo. Desde esa creencia legitimaba su agresión. Sin embargo en el sueño había un intento de lograr una armonía entre la arquitectura novedosa del Guggenheim y la arquitectura clásica de la vieja ciudad. Estaba presente un deseo de reconciliarse con su padre, aunque era parte del sueño su temor a no llegar, sin embargo asomaba la esperanza que le iba a encontrar la vuelta. La reiteración transferencial Le di una gran importancia, en tanto indicador de cambio a la reiteración transferencial de lo anterior. El analista interpretó que este sueño tenía un sentido distinto que el del scooter, aquí el problema no era tener escape, sino que tenía que ver con los temores por un exceso de confianza. Él había estado haciendo en el último tiempo esfuerzos muy grandes por preservar la sesión y esto iba en una dirección muy distinta a todas sus relaciones. El nunca se ponía en una situación de esperar algo de otra persona. 3. Consideraciones finales. En esta ponencia intento dar cuenta del tránsito en un psicoanálisis de pacientes desde un padecimiento derivado de una estructura perversa a un funcionamiento con una conflictiva próxima a la neurosis. Este texto puntúa la evolución que tuvo dentro del proceso analítico, demarcando indicadores de cambio: a. La actuación se hace relato. b. Aparición de conflicto dentro del yo, evidenciado por el surgimiento del pudor, la incongruencia. Esto se evidencia tanto en el sueño de “Sharm el Sheik” de J como en el sueño del “tiovivo” de H. c. La aparición de sueños, que es tomada como una evidencia de la instalación de un conflicto próximo a un funcionamiento neurótico. El sueño del “tiovivo” es, a mi juicio, un sustituto simbólico de la actuación. d. La conciencia de las características intrusivas incluidas en la actuación que en el sueño emergen amenazando a su hijo, a la vez que da evidencias de su propio discurso pro-masturbatorio. e. La emergencia del sentimiento de horror ante ésta prédica y cómo lo empieza a enfrentar. f. Fue muy importante en ese momento la elaboración de la fantasía transferencial que allí surgió: para el paciente el analista le sugería que hiciera “la vista gorda” sobre “el maletín” y así dar continuidad a la relación; el analista encarnaba el “socio”. j. Los cambios en la transferencia que el paciente despliega y los cambios que observa el analista en su contratransferencia h. Restauración de la asimetría en la situación analítica, que previamente corre el riesgo de quedar atrapado en una relación dual. i. En el análisis de H en el sueño sobre Bilbao se procesa un enorme salto. Este se correlacionaba con una relación distinta con sus padres internos, especialmente con su padre. En él se muestra una producción mental en donde se despliega la esperanza de una armonía entre el Museo Guggenheim y la vieja arquitectura de Bilbao, sustitutos de él y su padre sin que desaparezcan las diferencias. En el “sueño técnico” a través del “scooter” se configura un nuevo hito, en él comienza a fracasar el escape que le proveía el atajo masturbatorio NOTAS (1) A los fines diagnósticos es importante, sin embargo, distinguir el ataque a la verdad de la perversión de la inautenticidad descripta por Winnicott (1965) en su exposición sobre el falso self o las señaladas por H. Deustch (1968) cuando nos enseñó el modo de funcionamiento de las estructuras como si (as if). También es diferenciable de la simple hipocresía o la mala fe, aunque formen parte del cortejo caracterológico de la perversión. (2) Pensamiento verbal, es uno de los vértices que Bion (1960) propone en su artículo “Notas para una teoría sobre la esquizofrenia” para acceder a un pensamiento simbólico. (3) H. les pedía a las mujeres que contrataba que se pusieran ropas masculinas y él a su vez se ponía ropas femeninas. Él las maquillaba y se maquillaba a sí mismo. Más tarde aclaró que tanto la ropa como el maquillaje tenían algo de ambiguo, aunque sí destacaba que quien tenía más atuendos femeninos era él. (4) La vida en estas escenas son fenoménicamente similares a la descripción que Meltzer (1992) hace de la vida en el claustrum. Allí dice que “en el centro de una adicción o una relación perversa, la persona en cuestión no es él mismo: esta detrás de sí mismo, con excitación, (y) confusión respecto del mundo" (pag. 155). (5) El sentimiento de vergüenza ha sido descrito en la clínica psicoanalítica como un indicador de sentimientos ligados a la castración; Benito López hizo una fina discriminación entre la vergüenza, siguiendo el criterio anterior y canónigo y la diferencia de la humillación, propia de la afrenta narcisista (Benito López, 1979). (6) J. P. Jimenez (2004) afirma que el perverso funciona en el mismo mundo que el analista: ambos conversan entre sí, comparten, trabajan en conjunto. Pero simultáneamente el perverso vive en un universo idiosincrásico, en una seudo-realidad, en un mundo ilusorio donde no existen las experiencias de castración ni tampoco la vivencia de diferencias entre los seres humanos, donde, en definitiva, no existe la diversidad de realidades que hacen que el mundo de que hablamos sea precisamente un mundo humano. Este otro mundo, más bien un seudo-mundo, se muestra inaccesible experiencialmente para el prójimo, y es lo que aparece en la mente del analista como el secreto que el perverso parece guardar celosamente. (7) Madeleine Baranger (1969), en relación a la patología del carácter, nos ha enseñado cómo la mala fe es un epifenómeno de la omnipotencia. La omnipotencia del yo preservada por la mala fe es, para esta autora, el residuo de un vínculo con un objeto idealizado, repitiéndose el engaño traumático que se tuvo con él. (8) Maldonado (1998) nos alerta que la mentira en la perversión es de una naturaleza distinta al “uso universal de la mentira, que ... también tiene lugar en la neurosis”. Para este autor, en la perversión “el problema reside en la búsqueda de un placer en la distorsión, configurado de modo tal que resulta sintónico con el yo”. (9) Se refería a una coima que este hombre sugería pagar para conseguir un contrato. En otros momentos desconfiaba de D pensando que lo del “maletín” era un invento de D para quedarse con el dinero. (10) Estoy usando contratransferencia en el sentido clásico del término, puntos ciegos del analista. (11) Muchos de los datos están alterados para proteger la identidad de H. Bilbao esta conservado porque a la luz de este sueño se reveló como importante para comprender el mundo de H. (12) Bion (1957) en su artículo “Diferenciación de personalidades psicóticas y no psicóticas” toma como índice de un funcionamiento neurótico la aparición del temor que tiene el paciente a lo que le va ocurrir en el fin de semana. Bion dice que este temor tiene como condición de posibilidad que al paciente le importa el vínculo que tiene con él. BIBLIOGRAFÍA Bak, R. (1968). The phallic woman. The ubiquitus fantasy in perversion. The Psychoanalytic Study of the Child , vol. XXIII. New York: International Universities Press, 1968. Baranger, M. et al. 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