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Recibido el 21 de julio de 2005
Es un juego, explicó la LOCURA. Yo me tapo la
cara y empiezo a contar desde uno hasta un millón. Mientras, ustedes se
esconden y cuando yo haya terminado de contar, al primero de ustedes que
encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego. El ENTUSIASMO bailó seguido por la EUFORIA. La
ALEGRIA dio tantos saltos que terminó convenciendo a la DUDA e incluso
a la APATIA, a la que nunca le interesaba nada. Pero, no todos quisieron participar. La VERDAD
prefirió no esconderse: ¿Para qué?. Si al final siempre la descubrían;
y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto ( en el fondo lo que le
molestaba era que la idea no había sido suya) y la COBARDIA prefirió no
arriesgarse. Uno, dos, tres, .. comenzó a contar la LOCURA. La primera en esconderse fue la PEREZA que, como
siempre, se dejó caer tras la primera piedra en el camino. La FE subió
al cielo y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con
su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La
GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le
parecía maravilloso para alguno de sus amigos. ¿Un lago cristalino?: ideal para la BELLEZA. ¿La
hendija de un árbol?: Perfecto para la TIMIDEZ. ¿El vuelo de una mariposa?:
lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD ¿Una ráfaga de viento?: magnifico para la LIBERTAD.
Así terminó por esconderse en un rayito de Sol. El EGOISMO, en cambio, encontró un lugar muy bueno
desde el principio: ventilado, cómodo... sólo para él. La MENTIRA se escondió
en el fondo de los océanos (mentira en realidad se escondió detrás del
Arco Iris) y la PASION y el DESEO en el centro de los volcanes. El OLVIDO...se
me olvidó donde se escondió..., pero, eso no es lo importante. Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMOR aún no
había encontrado sitio para esconderse, pues todos se encontraban ocupados,
hasta que divisó un rosal. Un millón, terminó de contar la LOCURA y comenzó
a buscar. La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la
piedra. Después se escuchó a la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre
teología y a la PASION y al DESEO los sintió vibrar en los volcanes. En
un DESCUIDO encontró a la ENVIDIA y, claro, así pudo deducir donde estaba
el TRIUNFO. Al EGOISMO no tuvo ni que buscarlo. El, solito, salió de su
escondite que resultó ser un nido de avispas. De tanto caminar, sintió
sed y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA, resultó
más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir
de que lado esconderse. Así fue encontrando a todos. Al TALENTO, entre
la hierba fresca. A la ANGUSTIA, en una cueva oscura. A la MENTIRA, detrás
del Arco Iris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta
al OLVIDO, que ya se había olvidado que jugaba a las escondidas. Sólo el AMOR no aparecía por ningún lado. La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada
arroyito del planeta, en las cimas de las montañas y cuando, estaba por
darse por vencida, vio las rosas. Con una horquilla empezó a mover las
ramas y entonces escucho un grito de dolor. Las espinas habían herido
los ojos del AMOR. La LOCURA no sabía que hacer para
disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón y prometió ser para siempre
su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las
escondidas en la Tierra, el AMOR es ciego y la LOCURA siempre lo acompaña. E-mail: info@enigmapsi.com.ar
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EnigmaPsi
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2002-2008 Editor Responsable: Lic Sonia Cesio ISSN 1853-1849 |