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ENTREVISTA
A ISIDORO BERENSTEIN*
Nélida Bazán, Cristina Moguillansky
y Rosa Ocaña
Recibido el 22 de febrero de 2002 Desde "Psicoanálisis" le solicitamos una entrevista al Dr.
Isidoro Berenstein**, a raíz de su participación en uno de los paneles
centrales del Congreso de la IPA, Niza 2001.
Tuvimos la oportunidad de formularle algunas preguntas en relación
a su trabajo “Lo vincular y el otro” que publicamos en este
número.
El Dr. Isidoro Berenstein es un reconocido psicoanalista especializado
en familia y pareja. Su interés se centra fundamentalmente en las problemáticas
vinculares que lo llevan a replantear conceptos básicos del psicoanálisis
y a proponer nuevas formulaciones metapsicológicas.
Revista: ¿Cómo articula su ponencia en Niza con el tema central
Psicoanálisis, Método y Aplicaciones? ¿Cómo está ubicado con respecto
a ese tema?
Isidoro Berenstein: Los psicoanalistas estamos tomados
por la preocupación acerca de lo que se dio en llamar la crisis del
psicoanálisis. Desde ya no se da sólo en nuestro país, aunque en cada
lugar ha de tener una forma específica. Entre nosotros puede tener el
matiz de una crisis profesional pero sin duda lo es del psicoanálisis
en sus distintos aspectos.
Me pregunto si el psicoanálisis en su propia creación tiene
los elementos que después van a establecer esa crisis, pero al no poder
pensarlos como surgidos del propio psicoanálisis, de sus propias inconsistencias,
son permanentemente adjudicados a factores externos, lo cual lleva a
reforzar aquello del método que crea las condiciones para el surgimiento
de la crisis. En este sentido y desde este punto de vista es dable imaginar
el riesgo de reforzar los métodos
de selección y de educación creyendo con
Lo he contado en otros momentos. Me conmovió fuertemente una
idea de lo que ocurrió en Esparta. Esta ciudad-estado tuvo un desarrollo
y un florecimiento que abarcó alrededor de cien años. A los efectos
de
El psicoanálisis produjo enormes desarrollos en estos cien
años sobre la base de la sesión individual, creación a su vez de Freud.
De allí se derivaron las aplicaciones, entre ellas trabajar con otro
tipo de sesiones. Ocurre que tanto la sesión individual como las aplicaciones
podemos considerarlas como un conjunto de prácticas y la práctica genera
una forma de pensar, genera una subjetividad propia de esa práctica.
La subjetividad de los psicoanalistas en la práctica individual
nos lleva a pensar las otras prácticas en forma individual con lo cual
insensiblemente se da una inconsistencia que llamé solipsismo. Este
es como un fundamentalismo del Yo. Volviendo al
R.: Usted toma como tema la destrucción de Esparta.
En su comentario se refiere a que los mayores decidían sobre qué niño
debía vivir y cuál morir, ¿se trata de una imposición? ¿Relaciona usted
la imposición con la represión por parte de los padres
I. B.: Uno está acostumbrado a pensar que la imposición
está dada desde alguien que tiene poder a alguien que no lo tiene; es
una forma tradicional y encubridora de ver las relaciones de poder.
Si son relaciones, entonces los sujetos están ligados alrededor de eso
que se llama poder. Quizá lo difícil sea pensar verdaderamente en relaciones,
en el vínculo de un sujeto con otro. La imposición es un mecanismo constitutivo,
si es constitutivo lo despliegan tanto el padre como el hijo en una
relación de poder. Verlo sólo desde el padre es ubicarse en una posición
individual, que es la manera habitual de describirla, lo que los padres
desde su psicopatología hacen a los hijos.
La teoría vincular que en nuestras formulaciones se ocupa de
las relaciones entre un sujeto y otro, tiene la virtud inestimable no
sólo de replantear las relaciones familiares sino de replantear toda
relación como la propia transferencia. De ahí quizás hayan
El tema es que si uno destituye del centro a la tierra y ubica
al
R.: Y tenemos el mundo cerrado.
I. B.: Más que cerrado diría centrado, girando alrededor
de lo mismo, del centro. Lo mismo, lo propio, el centro, el mundo propio,
desde este punto de vista vienen a ser sinónimos; a eso se opone, se
descentra en el mundo de la relación con el otro.
R.: ¿No se hace vínculo a partir de un ajeno? Al plantear
la relación con el otro por fuera de la relación libidinal; ¿qué ocurre
con los conceptos de identificación y relación de objeto?
I. B.: Diría que la teoría de la líbido está vigente y cómo podría no estarlo; pero no alcanza. Entonces tendríamos que decir que las nuevas proposiciones hacen y muestran que las proposiciones anteriores no alcanzan. El tema fuerte para el Yo es que el otro no
Para pensar distinto tendría que haber una práctica posible
que dé lugar a un desarrollo que no sea el mismo de antes entre analista
y paciente. Aquí sobreviene un problema y es que casi todos diríamos
esto, salvo que no todos lo hacemos como se ve al
R.: Que no reduzca la ajenidad.
I. B.: Sí, que no reduzca todo a una sola investidura.
Que incorpore lo nuevo que inevitablemente proviene de lo ajeno del
sujeto. Y otra modalidad de la resistencia es hacer un uso inmoderado
de los términos, riesgo posible cuando son novedosos.
R.: Es una especie de fundamentalismo.
I. B.: ¿Cuál?
R.: El pretender reducir la ajenidad del otro.
I. B.: Si ustedes se preguntan en qué consiste el
fundamentalismo político, social o económico, diría que exactamente
en reducir la ajenidad del otro hasta dejar de ser otro. En lo político
los últimos ejemplos serían: Kosovo con esa novedad de información reciente
de las armas con uranio empobrecido; la modalidad actual que adquiere
el conflicto en Israel y otros países. Podría también leerse en esta
perspectiva el orden económico, la anulación y supresión de los lugares
de trabajo. Ustedes habrán visto que los otros dejan de serlo y pasan
a ser objetos y números de una estadística de desocupación. En el orden
social las minorías no son consideradas como formadas por sujetos sino
como un no Yo, por lo que se pueden expulsar. La carencia de ajenidad
se sostiene a través del criterio de afirmar una centralidad tanto social
o económica como política o religiosa.
R.: ¿Esto no tendría un punto en común con la patología
del narcisismo, el no tolerar la ajenidad, la diferencia?
I. B.: Lo apasionante de este planteo, me refiero
a lo vincular en nuestros términos, es que no todos los términos lo
abarcan. Por ejemplo narcisismo es un término muy preciso y muy variado,
originado en la clínica y de enorme poder explicativo, pero
Se plantean multitud de problemas, por ejemplo ¿cómo un encuentro
con otro se ha de inscribir en el inconsciente? ¿se considera al inconsciente
poseyendo un tope de inscripciones que se van a actualizar o con capacidad
de producir nuevas
R.: ¿Y el modelo del duelo?
I. B.: Se le llama duelo a un complejo proceso desencadenado
por una pérdida de un objeto del Yo que ha de hacer un trabajo con ese
objeto perdido. El otro tema del duelo es no sólo el objeto perdido,
sino el duelo que se produce cuando se lo está perdiendo en una relación,
no cuando se perdió y desapareció como otro. Porque el duelo puede ser
considerado como la desaparición del otro y su inscripción como objeto.
Otra situación se da cuando la pérdida se está generando en el vínculo,
momento en el cual se estaría produciendo. Algo a ser elaborado tiene
que estar previamente inscripto.
El tema es que hay más de un camino psíquico y ¿por qué importa
esto? Porque la insistencia en la centralidad de un camino psíquico,
en un solo origen me parece que puede llevar en algunas circunstancias
a lo que Puget y Wender llaman “análisis
R.: ¿Esas nuevas inscripciones se dan dentro del marco
de un análisis o uno naturalmente va teniendo nuevas inscripciones?
I. B.: Si un encuentro es fundante (no todo encuentro
lo es), a uno lo cambia; nuevas inscripciones dan lugar a cambios subjetivos.
R.: ¿En esos “análisis eternizados”, estas
nuevas inscripciones no se tienen en cuenta o se confunden con viejas
inscripciones?
I. B.: Uno de los temas es que cuando aparece una
nueva inscripción, tanto el paciente como el analista pueden asociarse
inconscientemente para pensar que es una actualización de una vieja
inscripción, y si está transmitido en esa versión será tomado
R.: ¿Esta resistencia no se haría ni por represión
ni por desinvestidura sino por oposición, no por oposicionismo?
I. B.: Es una fuerte oposición a perder la subjetividad
ya instituida.
R.: ¿Podría decirnos algo más sobre esta resistencia?
I. B.: Puede ser descripta como un conjunto de impedimentos
a ser modificado por lo ajeno del otro en un encuentro; una intolerancia
a que se inscriba en mí lo que no está inscripto, lo cual lleva necesariamente
a que mi subjetividad pierda vigencia,
R.: Las relaciones de poder tienden a pensarse como
abuso. Se habla del abuso sexual, abuso infantil. ¿Podría relacionarse
con el tema de la imposición?
I. B.: De lo que estaríamos hablando no es sólo de
poder sino de su exceso. A partir de acá comienza a ser necesaria una
precisión, hay relaciones de poder y hay exceso de poder. Si uno dice
exceso de poder, lo que quiere decir es que no hay relaciones de poder.
Donde hay exceso no hay relación, sino deseo y acción de uno. No hay
dos sino duplicación del uno. El tema del poder es muy complicado porque
despierta una
R.: ¿Relación sería sinónimo de vínculo?
I. B.: Relación entre sujetos sería lo que llamamos
vínculo. Volvemos sobre el poder, las relaciones de poder son inconscientes.
R.: ¿No por represión?
I. B.: La represión cubre parte de lo inconsciente
pero no todo lo inconsciente.
R.: ¿Qué tipo de fenómeno psíquico se produce para ser inconsciente?
I. B.: En una tiranía se puede pensar que el fenómeno
tiránico depende de la patología del tirano. Esta visión tiene sus riesgos
porque mantiene inalteradas las relaciones inconscientes de poder que
lo sostienen (de hecho no figura en la conciencia social,
Se puede extender esto al encuentro donde cada paciente genera
a su analista y cada analista genera a su paciente. La imposición no
es sólo del analista, no es sólo el analista que puede estar en una
posición de poder. Puede cometer excesos (eso
Yo no incluí en el trabajo un ejemplo clínico interesante sobre
el manejo del silencio en la sesión por parte de una paciente a pesar
de las interpretaciones del analista. El silencio estaba dicho como
un no poder: “no puedo hablar”. En un momento apareció
R.: ¿El concepto de sujeto múltiple estaría relacionado
con las nuevas inscripciones, con lo novedoso?
I. B.: Con que un sujeto se instituye como tal en
cada relación, no es el mismo en todas y cada una de ellas.
R.: ¿Y sería un fenómeno distinto a la identificación,
o habría tantas identificaciones como vínculos pueda establecer?
I. B.: Estas preguntas y otras que puedan surgir forman
parte de un programa a desarrollar. En la relación entre entrevistador
y entrevistado se da por supuesto que el entrevistador sabe y eso marca
la relación. Convendría posicionarse más en que el entrevistado puede
no saber. Sé que hay un área muy trabajada en estos cien años de
No solamente los padres tienen más poder que los más pequeños,
también éstos lo tienen. Esa concepción viene de un modelo biológico.
El modelo del desamparo y el modelo biológico tuvieron enorme desarrollo
y tienen sus obstáculos. Me parece que el
Todo exceso es cantidad porque está tomado de un basamento
que es la teoría traumática. Pero no toda inscripción es traumática;
cuando se piensa que la inscripción es traumática, uno retorna a la
centralidad de lo traumático.
R.: Otro eje sería pensar las relaciones de poder
como variaciones de la sexualidad; el masoquismo, por ejemplo.
I. B.: En algún lado, no sé si en este trabajo, propuse
que el sadomasoquismo no es relación de poder, salvo encubridoramente.
Por supuesto se puede superponer sexualidad con relaciones de poder
porque nada está aislado, pero eso no autoriza a decir que la sexualidad
es relación de poder, puede estar impregnada pero eso no nos indica
que son derivados. Nuevamente, en la institución del sujeto la sexualidad
abarca
R.: Para el final de este encuentro, ¿qué pregunta
se formularía?
I. B.: Una pregunta es cómo se instituyó la idea de
centralidad en nuestra cultura que, al día de hoy, me parece una desgracia
que trajo y trae muchos padecimientos. No fue así cuando desde el siglo XI poco a poco y luego más decisivamente
con Descartes en
Otra pregunta tiene bastante que ver con la escisión del sujeto
y la política, lo cual lleva a jerarquizar el lugar de la política como
actividad específicamente humana, una actividad centrada en la relación
con el otro. No debemos superponer esta caracterización de la política
con los políticos, que al escindir la política del sujeto escinden también
todo el conjunto humano vincular.
*Publicacion original: Revista de Psicoanalisis de Apdeba - Vol XXIII - Nº 1 - 2001 - 165 - http://www.apdeba.org/publicaciones/
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