|
|
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
LOS JÓVENES
Y LA TECNOLOGÍA GENERACION EN RED Autor Carolina Arenes* Por primera vez
en la historia, los jóvenes poseen un mayor dominio que los adultos
del saber que definirá el futuro perfil político y económico del mundo,
un cambio de eje de consecuencias invaluables. Ciudadanos privilegiados
de la nueva metrópolis virtual, cosmopolitas domésticos, como lo ha
pensado el filósofo español Javier Echeverría, capaces de relacionarse
con el mundo entero sin moverse de su asiento frente a la pantalla,
los jóvenes de hoy cosechan los frutos de ese protagonismo pero también
la mirada desconfiada de las generaciones anteriores. Es que los adultos,
inseguros todavía en el nuevo mundo desterritorializado e incorpóreo,
suelen moverse con paso ambivalente, entre la admiración y el miedo,
entre el deslumbramiento y el prejuicio. Madrid. Aeropuerto
de Barajas. Febrero 2004. Madre e hijo irreconciliables: el famoso tópico
adolescente no-quiero-salir-en-la-foto caldea los ánimos. Harto de la
insistencia, el joven acepta a desgano participar en el cuadro. La calma
familiar se restablece. Hasta que la madre se pone a ver las fotos y
descubre azorada que el chico no salió en ninguna. Desafiante y soberbio,
seguro en sus saberes digitales, él mismo se encarga de explicarlo:
se había borrado de la foto. El verbo se conjuga en presente juvenil:
yo photoshopeo; los adultos no photoshopean. La escena es una
de las anécdotas a las que recurre Sergio Balardini, licenciado en psicología,
investigador y coordinador del programa de estudios sobre juventud de
la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), para dar
una idea del modo en que la era electrónica modificó no ya solamente
el mundo del trabajo y la economía sino también la sociedad, la cultura
y la familia. Porque leído en clave generacional, el impacto de las
nuevas tecnologías, además de profundizar las diferencias de oportunidades
en una población con marcadas desigualdades socioeconómicas, desigualdades
socioeconómicas, también ahonda otra distancia, la de la brecha generacional:
los jóvenes se mueven en el mundo digital como peces en el agua mientras
los grandes hacen un esfuerzo enorme para no naufragar. "En la
era tecnológica, los chicos son los ricos y los adultos los pobres",
dice Nicholas Negroponte, uno de los máximos gurúes de la comunicación
en tiempos de revolución digital. Los ejemplos son elocuentes: Jerry Jang y David Filo, los fundadores del famoso buscador Yahoo, tenían 25 y 22 años, respectivamente, cuando sacaron el programa y el sitio. Shawn Fanning lanzó en 1999, a los 19 años, el Napster, primer programa de intercambio de archivos que se utilizaría para intercambiar música.Yair Goldfinger, responsable tecnológico de Mirabilis, la empresa que está detrás de ICQ, tiene 26 años; Arik Vardi, con 27 años, es el consejero delegado; Sefi Vigiser, 25 años, es el presidente. Crearon ICQ en 1996, es decir, hace ocho años: todos ellos eran entonces adolescentes. Los argentinos Wenceslao Casares y Constancio Larguía tenían 22 y 23 años, respectivamente, cuando crearon patagon.com, sitio que después se vendió en una cifra millonaria. "Por primera vez en la historia -dice Balardini-, los jóvenes tienen más conocimientos que los adultos, no ya sobre el acotado fragmento de la cultura juvenil, como hace 30 años sucedió con el rock, por ejemplo, sino que están más capacitados que los adultos respecto del saber hegemónico de su tiempo, aquél sobre el que se está desarrollando el nuevo perfil económico, político y social del mundo. Esto sí es un cambio de eje cuyas consecuencias no podemos evaluar todavía." ...... -Cómo hago para bajar un archivo de música? -¿Un mp3? -Sí, bah, no sé... -Dejá, yo te lo bajo. -No, lo quiero hacer yo. -Bueno, esperá que te enseño. ...... El hecho de que
quien tiene el saber (¿el poder?) sea el hijo de 13 años y no el padre
marca un hito en el modo de relación intergeneracional. Porque, además,
no es sólo una cuestión de padres e hijos, en donde todo se puede resolver
con una cargada, una sonrisa o una decisión heroica de no perderse el
tren tecnológico aunque se haya llegado un poco tarde a la estación.
Escenas similares se repiten en los trabajos, en donde muchas veces
los jóvenes son percibidos como una amenaza por los más grandes, y en
las escuelas, con alumnos más capacitados que sus maestros para tomar
decisiones en el mundo digital. ¿Por qué para ellos
es tan fácil? "Porque crecieron con la tecnología -dice Balardini-.
Para los chicos, especialmente para aquellos de clases media y media
alta, la tecnología es naturaleza. No hay nada extraño, nada que los
haga sentirse inseguros o ajenos, porque desde que nacieron estuvieron
entre pantallas de televisión y computadoras, video juegos, controles
remoto y videograbadoras. Los adultos, de todos modos, vamos aprendiendo
de a poco a familiarizarnos con los secretos de la red, pero el uso
que más hacemos de ella es meramente instrumental. En los chicos, se
ve claramente una marca de identidad, un código que los interpela y
en el que pueden reconocerse." El Big Bang del ciberespacio Sin embargo, es
el uso que le dan a Internet lo que marca la diferencia. Distintos estudios
coinciden en que, entre los 9 y los 17 años, predomina su utilización
como herramienta de comunicación y como entretenimiento (aunque también,
y cada vez más, los estudiantes empiezan a usar Internet para buscar
información escolar y a armar grupos de estudio en red para resolver
trabajos en equipo). Es el signo de la experiencia adolescente: muchos
juegos en red, música, eternos chateos con amigos y con desconocidos
de cualquier parte del mundo (pero con afinidades preestablecidas por
el perfil del chat), experimentación con la identidad y el anonimato,
nics (nombre con el que se presentan) que cambian muchas veces al día.
"El mundo digital -dice Balardini- les da mayor autonomía que el
mundo real, en parte porque no están limitados a la gente que conocen
en su barrio, su escuela y su familia, pero también porque cuando están
conectados tienen que tomar decisiones todo el tiempo y en milésimas
de segundos, tanto en la interacción de los chateos como en los juegos,
que no son siempre de respuesta automática (no se trata sólo de matar
marcianos). Hay muchos diseños de gran complejidad que apelan a la creatividad
y estimulan la imaginación, exigen competencias intelectuales diferentes,
destrezas visuales y motoras nuevas que van configurando un mapa cognitivo
también diferente del de los adultos." Apuestas ambiciosas Mariano Amartino,
uno de los jóvenes más brillantes de la Generación I local (la definición
es de Bill Gates, I de Internet y también de información), fue uno de
los creadores de www.weblogs.com.ar, sitio en el que está listada buena
parte de la población local de blogs. Por ese desarrollo fue elegido
por el British Council, que todos los años premia a un joven con perfil
tecnológico que se esté destacando en alguna parte del mundo (hasta
la BBC mandó un equipo para entrevistarlo, impresionada por la explosión
de los weblogs en la Argentina). Amartino, que se ha dedicado a la informática
pero es licenciado en Ciencias Políticas y no puede abandonar el ritual
matutino de desayunar leyendo el diario (de papel), sonríe cuando se
le pregunta por los temores que despierta Internet en muchos adultos.
"Hoy hay argentinos muy jóvenes que exportan, venden y promocionan
sus diseños en circuitos alternativos o mainstream a los que no hubieran
podido acceder si no hubiera sido por la promesa cumplida de horizontalidad
que hay en la red. Las comunidades online te dan cabida en una red social
y de conocimiento a la que de otra forma, nosotros, argentinos en el
confín del mundo, tal vez no hubiéramos tenido acceso, y la llave para
pertenecer es simplemente tu conocimiento y tu capacidad de aportar.
Allí no hay jerarquías. Y todo esto rodeado de un halo de anonimato
e intimidad que uno puede manejar a gusto e piacere." Tal es la atracción de las nuevas generaciones por Internet que muchos programas de inserción social hoy tienen como eje proyectos tecnológicos. Susana Finquelievich, socióloga, docente universitaria e investigadora en temas de juventud y Sociedad de la Información, ha investigado ese tipo de desarrollos en la Argentina donde, dice, hay muchas iniciativas ciudadanas. Entre muchísimas otras, Finquelievich menciona a la Fundación Amauta, que trabajó en Tafí del Valle con la comunidad de Los Zazos -durante décadas sumida en un fuerte proceso de migración de jóvenes- en proyectos de capacitación para el uso de nuevas tecnologías como forma de encontrar salidas laborales. En la ciudad de Mendoza, el Grupo Chat (grupochat@arnet.com.ar) se originó a partir de las voluntades de jóvenes (estudiantes secundarios y universitarios) y profesionales, movidos por el descontento con la realidad social. www.ecoclubes.org.ar nuclea organizaciones no gubernamentales, integradas por niños y jóvenes, que promueven la formación de líderes comunitarios para el desarrollo de sus localidades y tienen como misión mejorar la calidad de vida de las poblaciones. "Experiencias como éstas, y hay muchísimas más -dice Finquelievich-, demuestran, por un lado, la inmensa capacidad y creatividad que los jóvenes desarrollan usando las tecnologías y, por otro, la necesidad acuciante de facilitarles el acceso a la información y al conocimiento que vehiculizan los nuevos desarrollos tecnológicos." El hombre es más
hijo de su tiempo que de su padre, dice el refrán. Esa antigua perla
de sabiduría popular parece hoy más verdadera que nunca. Puntos de encuentro Los
puntos de encuentro entre Internet y las nuevas generaciones son muchos.
Ernesto Martelli, secretario de redacción de Rolling Stone, tal vez
la revista que mejor traduce los intereses de la cultura joven local,
destaca el surgimiento de lo que llama la generación download (en referencia
a la actividad, muy popular entre los chicos, de bajar archivos de música
de la red; es clave el intercambio gratuito de archivos y los reproductores
de mp3 que cambian radicalmente el modo de distribución y consumo de
la música); el chat, ayudado por los emoticons -íconos que sirven para
describir estados de ánimo- y la conformación de un nuevo tipo urbano,
"los ciberchabones, categoría que sirve para describir el fenómeno
de los locutorios y locales de juegos en red en barrios y suburbios:
verdaderos puntos de encuentro entre la cultura callejera del aguante,
de ?parar en un kiosco´, del tiempo libre en espacios públicos con la
alta tecnología disponible de los llamados juegos multiplayers online
como el Counter Strike." Pero estos ciberchabones
que despiertan recelos y hacen enojar a los vecinos con su costumbre
de juntarse en la puerta del ciberlocal -dice Sergio Balardini, investigador
de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-, aunque
navegan por Internet e intercambian archivos de música, tienen un manejo
mucho más limitado de las posibilidades tecnológicas. "Las consolas,
el play station, la producción de webpages o weblogs y la participación
en comunidades virtuales, es decir, los desarrollos más sofisticados
y creativos de la red, quedan en manos de jóvenes con mayor dotación
de recursos." Pobreza y baja interactividad Miriam tiene 29
años, es jujeña y trabaja en Buenos Aires en una casa de familia. En
Palpalá, a pocos kilómetros de la capital de su provincia, quedó Franco,
su hijo de 8 años, con quien ella se comunica todos los fines de semana
desde un locutorio ... para chatear. "Cuando podemos organizarlo
-dice Miriam-, vamos a los que tienen web cam, así nos vemos las caras
más seguido." ¿Cómo aprendió Miriam
a utilizar las nuevas tecnologías? Con la práctica, en locutorios o
cybercafés cuyas tarifas hoy oscilan entre 1 peso y un peso con cincuenta
la hora. En 2002, sólo el 19% de los usuarios utilizaba los accesos
públicos; ahora ese porcentaje trepó al 37 por ciento. El mayor acceso
a la red a partir de lugares públicos permitió la incorporación de sectores
con restricciones presupuestarias como los jóvenes (el 56% de quienes
se conectan desde accesos públicos tiene 25 años o menos), los niveles
socioeconómicos medio y medio bajo (C2, C3 y D, 80%) y los usuarios
más nuevos (el 59% tiene menos de dos años de uso). Enrique Carrier,
titular de la consultora de mercado Carrier y Asoc. lo dice con alguna
ironía: el abaratamiento de los costos para instalar un locutorio con
banda ancha hizo que surgieran locales en pueblos remotos, en barrios
pobres, en terminales de trenes. La democratización, el achicamiento
de la llamada brecha digital, hoy corre más por cuenta del mercado que
por las políticas del Estado." Carrier alude al
programa de Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC) con el que se llegaron
a instalar unos 1500 centros (hoy quedan unos 700 en funcionamiento)
en poblaciones desfavorecidas (desde villas de emergencia como La cava
a pueblos remotos de Misiones, Jujuy y Tierra del Fuego) con máquinas,
conexión a Internet (sin banda ancha) y con una persona que pudiera
iniciar a los interesados. Avidez por la tecnología De muchos de esos
centros, confirma, han salido páginas web para comerciantes hechas por
los jóvenes del lugar que habían tomado cursos con la esperanza de mejorar
las expectativas laborales. En muchas poblaciones
muy pobres, a los CTC acuden los chicos para que los ayuden con las
tareas. Fue en el Gran Buenos Aires donde se reportó un caso singular:
un nene de 10 años, muy pobre, que no sabía leer ni escribir, demostró,
al cabo de un tiempo frente al teclado y la pantalla, que había empezado
a formar sus primeras palabras. Sin dudas, un caso capaz de ponerle
los pelos de punta a más de un pedagogo y, a la vez, de darle aire a
los sueños más alocados que anidan en la utopía tecnológica.
Temores e interrogantes Entre
los temores más frecuentes que manifiestan los padres están: 1) el supuesto
poder adictivo de la red que lleve a anular otras actividades como la
lectura o los deportes (las encuestas coinciden en que la respuesta
más frecuente a la pregunta "¿qué estarías haciendo si no estuvieras
en Internet en este momento?" fue: "estaría mirando televisión");
2) que la alta frecuentación de lenguajes visuales vertiginosos y de
estímulos fuertes contribuya a desarrollar una cultura de la impaciencia
que dificulte la concentración de más largo aliento; 3) la dificultad
para controlar con quién se comunican los hijos cuando la tendencia
muestra que empiezan a navegar cada vez más pequeños; 4) la proliferación
de sitios pornográficos o violentos y el ingreso al correo electrónico
de imágenes indeseables; 5) el desarrollo de un "slang digital"
que desvirtuaría el uso correcto del idioma. Seguramente, Internet
requerirá de muchos adultos un aprendizaje para poder acompañar el recorrido
virtual de los hijos y una atención especial para que no "vean
cualquier cosa", pero, ¿no debería suceder lo mismo con la televisión?
Si bien algunas de estas preocupaciones parecen hijas del temor que
despierta aquello que se desconoce, en otras la cosa no está tan clara.
El slang propio del chateo, por ejemplo, es visto por algunos observadores
como una muestra del empobrecimiento del idioma y del triunfo de un
tipo de comunicación tan espontánea como superficial, que irá minando
las capacidades de conceptualización más complejas. Otros especialistas
creen que se trata de un código adolescente que no resta, suma: los
chicos manejan distintos códigos, se mueven con solvencia en ambos y
saben distinguir cuándo es el momento de usar cada uno. En cuanto a
la violencia y la pornografía, los padres tendrán que hablar con claridad
de los riesgos que acechan en la calle virtual así como los alertan
sobre los posibles riesgos de la calle real. De todos modos,
es curioso cómo, pese a los temores, los adultos no son tan decididos
a la hora de tomar cartas en el asunto. Un estudio de la consultora
Prince & Cooke revela que el 45 % de los padres no conoce el tiempo
que pasa su hijo frente a la PC, el 30 % dice que no es una preocupación
familiar el ingreso a Internet de los menores entre 7 y 14 años y, del
resto, sólo un 45 % les ha dado consejos y avisos a sus hijos, pero
no controlan (sólo un 23 % les permite conectarse cuando está la madre
o el padre en casa). El 80 % de los menores consultados accede a Internet
sin controles, mientras que sólo el resto necesita que un adulto le
proporcione el password. Si bien el 66 % de los padres dice conocer
la existencia de filtros para que sus hijos menores no accedan a sitios
indeseados, el 90 % no ha instalado ninguno en su hogar. Nos preocupamos
más de lo que nos ocupamos, podría concluirse. De todos modos, es probable
que el mundo de posibilidades que inauguró Internet siga planteando
nuevos interrogantes y es probable también que hoy sea todavía demasiado
temprano para dar respuestas concluyentes. * Publicado en La Nación el 29 de Agosto de 2004 http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=631475&high=GENERACION E-mail: info@enigmapsi.com.ar |
|
EnigmaPsi
(c)
2002-2008 Editor Responsable: Lic Sonia Cesio |