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APARATO
PSIQUICO-TOPOLOGIA
Complejo de Edipo
Se denomina asi al conjunto de deseos amorosos y hostiles que el niño
experimenta hacia sus padres en este período. Este complejo es vivido con
intensidad entre los 3 y cinco años. Tiene dos formas: positiva y negativa. Edipo
positivo: se presenta bajo la forma del deseo de eliminar al
rival del mismo sexo y el deseo de poseer al progenitor del sexo opuesto (corresponde
al período donde los chicos dicen ‘mi novia/o es mamá (o papá)’
Este fenómeno se corresponde con impulsos pulsionales muy fuertes que bajo
la apariencia sexual (preferencia del padre/o madre) está al servicio de consolidar:
a) la identidad (femenina o masculina) renunciando a ese progenitor en
cuestion, y asi, más adelante unirse con uno/a como papa/o mamá; b) la posibilidad de sublimar,
es decir transformar esa energía sexual en otra cosa (el interes sexual por
mamá/papá pasa a ser interés por la propia persona). Como esto finaliza alrededor
del ingreso a la escuela, esa energía se dedica a aprender, a relacionarse
con otros, a la actividad deportiva, etc. Es el germen de la capacidad
de hacer proyectos. Cierra la conflictiva edípica el período de espera llamado latencia, que corresponde a la pubertad y se extiende hasta
la adolescencia.
Edipo
negativo: se presenta a la inversa, amor hacia el progenitor
del mismo sexo y odio y celos al del sexo opuesto. Esta fase del edipo se
desarrolla definitivamente en aquellas personas que desarrollan perversiones.
Este complejo desempeña un papel fundamental en la estructuración de la
personalidad y en la orientación de los deseos del ser humano en cuanto a
la heterosexualidad y la homosexualidad (según la elección de objeto de amor
masculino o femenino como partener). Otro componente de fundamental importancia
que surge a partir del Edipo es el acceso a la ‘terceridad’. Esto se explica de la siguiente manera: en el período preedípico el niño/niña
tienen una relación dual con la madre, no hay rivalidad con el tercero/padre
que sí se hace presente en la cuestión edipica. Esa terceridad, luego estará
presente toda la vida en cuanto a la relación con los demás: incluirse o no
en los grupos, con amigos, etc.
La elección de objeto de amor ocurre en la adolescencia y se dará de acuerdo
a las identificaciones inherentes a dicho complejo y por la prohibición del
incesto. Para sintetizar: en el niño
la “amenaza de castración” por parte del padre posee un valor
determinante en la renuncia al primer objeto de amor (madre) y asi termina
el complejo: la verdadera castración es la pérdida del amor del padre, por
eso renuncia a la madre y espera al momento en que
sea otra ‘como mamá’. Eso le da al varón la identidad masculina,
y cuando ejerza la función paterna, también realizará el corte, estableciendo
esa ley fundante de las elecciones heterosexuales en cuanto al objeto de amor.
En la niña es diferente.
Ella renuncia a la idea de ‘tener un pene como papá’ cuando advierte
que puede obtener una reparación de esa pérdida y es cuando puede acceder
a la idea de que cuando sea mayor, pueda tener un niño con alguien que ‘tenga
un pene como papá’ y alli termina el complejo. Alli la niña adquiere
la noción de la capacidad interior de tener, de alojar (que llevará a cabo
más adelante) como mamá y asi es posible desarrollar la identidad femenina.
Estos procesos se viven simultáneamente con los padres, quienes a su vez
reviven esta circunstancia y es partir del atravesamiento personal saludable
que acompañarán a sus hijos en ello. Para el ser humano este proceso
instaura el acceso al pensamiento simbólico. Aparece la vergüenza por la desnudez
que es equivalente a valor de la intimidad, de lo que se comparte y de lo
que no. El hijo que atraviesa felizmente el edipo ‘sabe’ que sus
padres están de acuerdo en que las cosas ocurran de ese modo, y que el hijo/a
esta fuera de ese acuerdo. Esa ‘exclusión’ es lo que se llama ‘terceridad’:
el niño luego, puede armar los espacios internos concomitantes y sienta las
bases de lo que después corresponderá a lo que se dice y lo que no (lo íntimo
de lo que no lo es).
Mecanismos defensivos
Las defensas son un conjunto de operaciones que lleva a cabo el yo, y están al servicio de reducir o suprimir todo estímulo que amenaza la integridad del sujeto. Recordemos que el yo es la instancia que busca mantener el equilibrio, y estos mecanismos defensivos estan integrados al yo inconciente (por lo tanto no son advertidos por el propio sujeto).
Se extienden a todas las conductas del sujeto: consigo mismo y con los otros significativos, pareja, hijos, relaciones laborales, etc. Como están al servicio de evitar la angustia, son métodos empleados para deformar esa realidad que asusta; por eso ocurre el efecto paradojal que impide el desarrollo de la personalidad. Esas defensas se adoptaron en la vida infantil como forma de protección; pero cuando el yo no puede desarrollarse adecuadamente sigue usandolas; cada vez más, porque no se pueden usar los recursos de la vida adulta. Las defensas relativas a la vida relacional obstaculizan la relación con los otros y afectan directamente al aspecto social del sujeto; hay otras que afectan a la propia persona y limitan la vida ya que cada vez hay que aumentar la presion de esa defensa para que sea efectiva; es asi que el yo se empobrece, pierde su flexibilidad y plasticidad; y el sufrimiento es constante.
Los mecanismos (del yo) más conocidos son: racionalización, negación, represión; proyección; formación reactiva; regresión; fijación.
Represión: este fenómeno impide que un contenido inconciente pase a la conciencia, de ese modo lo mantiene ‘fuera de la conciencia’. Impide a la persona que vea algo que salta a la vista (como si se hubieran modificado los sentidos) y lo mismo ocurre con los recuerdos. Un ejemplo muy conocido es que algunas personas que sufrieron una situación muy traumática ‘no recuerdan nada’ de lo ocurrido. Un ejemplo clásico que ocurre en personas que estuvieron en la guerra (preservan la identidad, porque lo ocurrido alli les resulta intolerable de recordar).
Proyección: es atribuirle a otra persona algun sentimiento o idea que le pertenece a uno. En lugar de decir ‘lo odio’ dice ‘me odia’. Además de un intento de aliviar la angustia, es una forma de evitar encontrarse con los propios sentimientos.
Formación reactiva: esta defensa contiene dos sentimientos al mismo tiempo (uno y su contrario). Por ejemplo, si un sentimiento de odio hacia una persona es insoportable, el yo puede tratar de contrarrestar ese impulso concentrándose en el impulso opuesto. Es común observar estos mecanismos en las prisiones de guerra donde, tener una relación ‘mas afectiva’ con el enemigo preserva la vida. En realidad, el sentimiento agresivo persiste pero debajo la apariencia de afecto cariñoso. Esta defensa se observa como una adhesividad; son personas que se presentan como demasiado amables (y generan en uno el rechazo que ellos sienten)
Regresión: se vuelve a un estado anterior del desarrollo (por miedo, o por el dolor de una pérdida). Es comun que frente a la pédida de un padre o madre o hijo, una persona se meta dentro de si misma; se contacta con aquellos momentos más felices de la vida de ese familiar en un intento de retenerlo. No es patológico si se puede ‘salir’ y volver al presente con el yo recuperado de esa herida. El peligro de la regresión es quedar fijado a una forma de comportamiento infantil (o sea, no compatible con el tiempo presente).
Fijación: a lo largo del desarrollo se atraviesa por etapas evolutivas, la infancia, la niñez, la adolescencia y la vida adulta. Esa progresion se detiene cuando ocurren sufrimientos intensos, superiores a la capacidad del yo (de ese momento) para su procesamiento. Los peligros que se evitan con el mecanismo de fijación son: la soledad, el fracaso, el castigo, el excesivo miedo a la vida. Un ejemplo de fijación (sin salida) sería: un hombre joven pierde a su mujer en un accidente; por esa conmoción deja su casa y vuelve a la de sus padres porque se siente seguro alli, ya que el mundo externo le es hostil. Entonces busca ser tratado por sus padres como cuando era chico; y luego busca esa misma conducta del mundo externo.
Racionalización: es la defensa más secundaria porque iimplica al uso del lenguaje y del pensamiento (pero para defenderse de un peligro). Se observa cuando el sujeto intenta dar una explicación coherente, moralmente aceptable de un actitud, de una idea, de un sentimiento etc, cuyos motivos verdaderos no percibe. Hay sujetos que plantean motivos racionales muy sólidos y puede estar disimulada con ideologías, con cierta moralidad, con convicciones políticas, etc.
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