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CRISIS Y SUBJETIVIDAD

 

Lic. María Cristina Dayeh

 

Recibido el 3 de noviembre de 2009

 

La situación global reciente por la que atraviesa nuestra sociedad insertada en un mundo donde, cada vez más, se racionalizan y legalizan prácticas bélicas despiadadas, y la pérdida de garantías de funcionamientos institucionales, me llevan a reflexionar sobre algunas cuestiones relativas a la constitución de la subjetividad en la actualidad. Parto del supuesto de una historicidad de la subjetividad, alejado del de estructuras subjetivas invariantes, es decir que planteo una relación entre las líneas de fuerza que atraviesan una época y el tipo de sujeto instituido en ella.

 

Nos encontramos en una situación de pérdida de las condiciones de sostenimiento de la existencia psíquica y social, en la que están comprometidos los intereses ligados a lo autoconservativo.

 

La amenaza que suponen las heridas infligidas a los soportes del yo y de la trama social y los duelos por los proyectos cuya investidura trastabilla, promueven estados ligados al sentimiento de desvalimiento. Se alteran las condiciones para el ejercicio del pensar. Esas condiciones están vinculadas a redes de pertenencia y referencia en las que nos inscribimos y que operan como sostén identificatorio. Si se produce su claudicación o erosión, pueden aparecer intentos de reconstrucción más ligados al plano simbólico, o bien, estados de perplejidad, para mencionar sólo dos situaciones contrastantes.

 

Sin embargo, se nos plantea la necesidad de producir sentido en situaciones anárquicas de franca opacidad. Nos preocupa cómo pensar lo nuevo, cuáles son los puntos ciegos de la situación, cómo transformar las interpretaciones en intervenciones modificadoras.

 

Tomo en cuenta la noción de discurso a partir de Foucault, según la cual el discurso no es un efecto de la lengua sino de la enorme red de prácticas y dispositivos materiales. Esa noción no connota el conjunto de enunciados que describe algo, sino el conjunto de prácticas que producen los sujetos, las que se apropian de las palabras y, en definitiva, de la lengua. En tal sentido pueden diagnosticarse prácticas actuales hegemónicas que expresan un discurso alienante.

 

De qué índole es la situación que nos atraviesa? Cómo pensarla?

 

Ya los historiadores vienen desde hace algún tiempo planteando la hipótesis del agotamiento de los "estados nacionales" como paninstituciones donadoras de sentido, es decir que el "estado nación" ya no es la instancia dominante o metainstitución productora de subjetividad. Lo que se observa, en cambio, es un pasaje al "mercado" como práctica dominante no regulada por los estados nacionales , y que no provee de articulación simbólica ,según Lewcowicz y otros .

 

Pero en relación a la situación actual tal vez pueda sernos útil tomar en cuenta tres conceptualizaciones que aluden a modalidades diferentes de relación con lo nuevo, con lo que emerge como real en una situación. Me refiero a las categorías de trauma, catástrofe y acontecimiento.

 

La catástrofe alude a una situación de arrasamiento, dispersión, desligadura. Lo real se presenta como puro horror, como retorno al no ser. A partir de ese desmantelamiento de las marcas previas, corresponde instituir, instaurar otras. Podríamos citar como ejemplo la caída en la esclavitud, a partir de una guerra, ya que el desarraigo que se produce es enorme, se pierden los referentes de parentesco, los referentes geográficos y los referentes lingüísticos. Un esclavo pierde su nombre, tiene el nombre que el amo le atribuye, no cuenta como humano. Puede ser objeto de prácticas sexuales, pero sujeto de ninguna. El modo de organización subjetiva se desvasta, queda abolido el conjunto de marcas o inscripciones fundantes que la constituía.

 

Aunque "pocas veces se ha visto mayor coherencia de conjunto por parte de nuestros gobernantes para desarticular los sueños de todos y el futuro de la mayoría" (Bleichmar S, ), el diagnóstico de la actualidad puede pensarse como trauma, que asume en los diferentes casos, diverso grado de severidad.

 

El trauma no es desvastador como la catástrofe, aunque sabemos que, como exceso de cantidad, puede tener una desmesura desubjetivante que desborda el aparato, dificulta la simbolización posterior y su transformación en experiencia. La pérdida del modus vivendi (trabajo, ejercicio de la profesión, bienes, etc.) y la desesperanza respecto de los tiempos venideros,así como el colapso de un sistema de representaciones, con el anonadamiento y perplejidad que suponen, constituyen una amenaza de desidentificación respecto del sí mismo tal como se lo fue percibiendo en el proceso mutante de la propia historia .

 

Sabemos que en los traumas excesivos o vividos muy tempranamente, lo visto y oído no metabolizable hace signo, se resuelve en signos de percepción, pero no en inscripciones, transcripciones y retranscripciones en el interior del aparato. Estos signos tienen un carácter de ajenidad , no cesan de no inscribirse. Caen por fuera del sujeto; está alterada su potencialidad simbólica y esto nos importa especialmente a los que pensamos la psicosomática.

 

Pero hay traumas que sí producen subjetivación , ( y esto dependerá de la magnitud del suceso en relación a los recursos de que dispone el sujeto que lo enfrenta). De modo que, aunque el primer tiempo posterior se caracteriza por el surgimiento de angustias masivas, en un segundo momento se religa a sistemas representacionales que permiten una cualificación de la irrupción de cantidades a las que el psiquismo ha quedado expuesto facilitando así, posibles recomposiciones simbólicas.

 

Los traumas que producen subjetivación pueden ser connotados como experiencia. Para Adorno la experiencia (inscripción y subjetivación) supone el paso por la otredad y un volver luego a centrarse en lo ya subjetivado. Oscilación entre la novedad y lo ya acuñado disponible para ser significado.

 

Aparecerán entonces los síntomas como expresión del intento de recuperar un equilibrio energético y representacional alterado.

 

Podemos conjeturar entonces, que la condición abrupta, intrusiva e inmetabolizable de la realidad, sobre todo si es soportada pasivamente, favorece funcionamientos impregnados del modelo del acto, perdiendo el psiquismo su condición de protector del soma.

El estímulo percibido como golpe ( Maldavsky), promueve respuestas apáticas , sin dolor psíquico, o de pánico o furia, como modos de relacionarse con un mundo desinvestido, que adquiere el sentido de intrusión mecánica, idealizándose la descarga como modo de respuesta a una tensión crónica,

 

Las situaciones sociales extremas favorecerían lo que P. Marty designó como movimientos de desorganización progresiva que "alcanzan " al soma por no encontrar funciones psíquicas eficaces que atemperen y tramiten el efecto traumático.

 

Por otro lado quisiera tomar los conceptos de permanencia y cambio, que fueron señalados por P. Aulagnier como principios del funcionamiento identificatorio ,teniendo en cuenta que se trata de dos perspectivas cuyo predominio determina la comprensión de la subjetividad.

 

El modelo cuyo eje es la "permanencia" supone la identidad como estado, como algo ya dado, lo originario, sustancia que podrá soportar cambios accidentales ( Aristóteles), la semejanza a lo anterior, lo definido de una vez y para siempre. Este modelo se sustenta en el principio de identidad tendiente a reducir lo real a lo idéntico, esto es, a sacrificar lo heterogéneo. En ese contexto, encontrar es re-encontrar. Lo imprevisible es degradado frente a lo eternamente reiterado; lo diferente es considerado fallido frente a lo idéntico, lo abierto a la temporalidad como aterrador, frente a lo cíclico.

 

Sin embargo ya hemos comprendido que identidad es oscilación y movimiento hacia adelante que descompleta. La subjetividad es una construcción inacabable, "punto de partida", "práctica de sí" (Foucault),fuente de metáforas que integran historia y azar, restaurando lo singular y los procesos de resubjetivización recursiva.

 

Etimológicamente ex –per- iencia sería el atravesamiento "por la iancia", "lo que hay que atravesar", el desafío de la iancia, tal vez el abismo que no ofrece garantía. Esta "iancia" alude a la potencialidad traumática de lo real, en su condición de abierto, no previsible. En su fractura, en su repetición, el presente agrietado, también es un golpe de azar, un echar los dados.

 

Una apuesta a pensar el propio proyecto de vida atravesado por ejes diferentes a los planteados por el consumismo. Esos ejes que se han posicionado como paradigmas del existir no cuestionados.

 

Pero, por otra parte, si algo es radicalmente nuevo, tal vez sea impensable y no haya como ligarlo, como apropiarlo y producir una recomposición simbólica que entrame con el pasado: costado de incertidumbre y riesgo; cuánta autonomía, cuánta caída de certezas o al menos variación de los puntos de anclaje es posible? Cuánta movilidad de la libido ("condenada a investir"), cuánta desidentificación, heterogeneidad, nomadismo, tal vez agonía; cuánta virtualidad, cuánta encrucijada puedan ser vividos como oportunidad?

 

Sin embargo, la construcción/deconstrucción de futuros posibles surge en los intersticios de las bifurcaciones de los procesos de crisis.

 

Los "sentidos" se constituyen, pero también se deconstruyen, se cuestionan, sacrifican su univocidad y homogeneidad, a cambio de una mayor libertad de los enunciados. Trabajo del sentido que ahueca e instaura una serie desatada y divergente, que tiene más piedad por lo real, por el mundo y por el tiempo, un pensamiento fuera del cuadro ordenado de las semejanzas.

 

Crisis y desorden son también fuentes de información y encrucijadas de oportunidad.

 

La categoría "acontecimiento" que mencioné al comienzo del trabajo como uno de los modos de aproximación a lo real, implica la presencia de algo radicalmente nuevo, una transformación ( Badiou, Deleuze), algo irreductible a la serie anterior, y tal vez aparezca, aún en el marco del deterioro y la desintegración social , como reconocimiento solidario, empático, del semejante , en cuyo marco los sectores dañados y desconocidos por el sistema, puedan unirse o reconocerse entre sí de otros modos.

 

La subjetividad entrama con la historia, dejándose modelar por los acontecimientos. El yo, narrador de historias pequeñas o no tan pequeñas, , busca incansablemente un sentido en la " multiplicación de horizontes de sentido" (Vattimo).

 

"El psiquismo es un sistema abierto autoorganizador en permanente intercambio con lo exterior. Un sistema alejado del equilibrio en el que ciertos acontecimientos producen alteraciones estructurales. Un sistema que no busca el equilibrio sino la complejidad. El abordaje de la tópica no puede soslayar su heterogeneidad de inscripciones y de memorias, así como la articulación y combinación de fuerza y sentido, de representaciones y de afectos" (Hornstein)

 

Tal vez la crisis por la que estamos atravesados , la que puede connotarse como situación alejada del equilibrio, pueda pensarse dando lugar a procesos de autoorganización o de reorganización de referentes identificatorios que restablezcan el sentimiento de mismidad subjetiva.

 

Tal vez no sepamos de antemano qué hacer, y debamos tolerar un "ir sabiendo", pero lo que sí hemos acuñado es que el ser humano no coincide con lo que es estable, fijo, permanente, sino con un devenir complejo que nos permite captar la identidad como experiencia de oscilación singular, como oportunidad (chance) en un nuevo modo de ser (quizá, por fin) humanos.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Taller de Trauma, Catástrofe y Acontecimiento, coordinado por I. Lewcowicz, en el Colegio de Psicoanálisis.

 

BLEICHMAR, Silvia: Dolor País. Libros del Zorzal. Buenos Aires, 2002.

 

DAYEH, María Cristina: Identidad y Paradoja. Trabajo leído en el Colegio de Psicoanálisis. Noviembre de 200l.

 

FOUCAULT, Michele y DELEUZE, Gilles. Theatrum Philosophicum y Repetición y Diferencia. Anagrama, Barcelona, l995.

 

FRIED SCHNITMAN, PRIGOGINE, MORIN, GUATTARI, SLUZKY, y otros: Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Piados, Buenos Aires, l998.

 

GRUPO DOCE, coordinado por Cantarelli-Lewkowicz: Del fragmento a la situación. Notas sobre la subjetividad contemporánea. Gráfica México. Buenos Aires, 200l.

 

HORNSTEIN, Luis: Narcisismo. Autoestima, identidad, alteridad. Paidós. Buenos Aires, 2000.

 

SPERLING, Diana: Del deseo. Tratado erótico-político. Biblos, Buenos Aires, 200l.

 

VATTIMO, G. y otros: En torno a la posmodernidad. Anthropos, Barcelona. 1994.

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