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Constructos Diagnósticos
y Diversidad Cultural
El caso de las Sexopatías*
Recibido el 30 de noviembre de 2006
Autor Dr Julian
Zapatel
Si tenemos en cuenta que el asunto de la sexualidad
humana normal , ya de por si, resulta vasto y complejo, ¿qué podemos
decir de las conductas sexuales desviadas, las perversiones; tan enigmáticas
e inquietantes?
El tema de las perversiones, remite inevitablemente a la anormalidad, a aquello
que esta fuera de regla, ajeno a la norma.
Tradicionalmente se reconocen dos acepciones para la palabra “normal.
Una de ellas referida a lo que se manifiesta con cierta frecuencia, a lo que
aparece regularmente en forma habitual. Asi, con este criterio estadístico
, lo anormal conformaría una desviación cuantitativa, en mas o
en menos del promedio.
Pero el criterio estadístico, por si solo, difícilmente pueda
dar cuenta de las vicisitudes humanas.
La otra acepción del término, la axiológica, concibe a
la normalidad como la correspondencia aproximada, a un prototipo ideal. Aquí,
lo normal, no es lo numérico medio, sino una valoración cualitativa,
socioculturalmente determinada.
Desde los inicios de las investigaciones sistemáticas, llevadas a cabo
por los psicopatólogos clásicos, Havelock Ellis y Krafft- Ebbing,
alrededor de la segunda mitad del siglo XIX y durante todo el siglo XX; las
opiniones de los diversos autores respecto de la etiología de las perversiones
se hallaban divididas. Si bien existían algunos que proponían
una explicación psicológica y medioambiental, las ideas más
aceptadas eran las que atribuían un origen constitucional a la mayoría
de las perversiones sexuales graves.
Asi, Krafft- Ebbing, creía que en el cerebro de los homosexuales masculinos,
existía una partícula, o varias, de alguna sustancia femenina,
que determinaría la desviación de la tendencia sexual.
Pennington, consideraba que el travestismo, puede ser manifestación del
funcionamiento de la psicosexualidad femenina, en el cerebro masculino, provocado
por alteraciones bioquímicas en el “centro del desarrollo bisexual”.
Por su parte, Thompson propugnaba la idea de que existían centros cerebrales
”liberados del control normal de la corteza”, que con su actividad
desinhibida ocasionaban las perversiones sexuales, como por ejemplo el parkinsonismo
y la atetosis.
El conjunto de estas conceptualizaciones, heredera de las teorías de
la degeneración de Morel y Magnan, demarcaba una separación absoluta
entre los perversos y los normales. De esta manera la diferencia cualitativa
entre ambos grupos resultaba evidente e insalvable.
Poco tiempo después de la publicación de Psychopatia Sexualis,
de Krafft- Ebbing , Sigmund Freud con sus trabajos, acerca de la sexualidad
infantil, las fantasías inconcientes de los neuróticos y las aberraciones
sexuales, tendió el puente entre las personas perversas y los otros seres
humanos.
Desde su perspectiva, lo que caracterizaba a las perversiones era la detención
, la fijación a alguna de las fases de la organización libidinal.
En este sentido, las diferencias entre el individuo perverso y el normal, se
encuentra determinada por un diferente desarrollo libidinal, no por una diferente
sustancia. Tanto es así que dice: “...la predisposición
a la perversión no es algo raro y especial, sino una parte de la constitución
llamada normal...” En otro lugar señala refiriéndose a la
doble perversión sadismo/masoquismo: “...el sadismo y el masoquismo
ocupan entre las perversiones un lugar especial. La actividad y la pasividad,
que forman sus características fundamentales y opuestas, son constitutivas
de la vida sexual en general...”
La cuestión de cómo culturas diferentes a la nuestra valoran a
las perversiones, o al menos a las conductas que comparten algunas de sus características,
resulta ilustrativa para comprender cómo se estructuran las distintas
taxonomías de la realidad.
Así, por ejemplo, en la costa norte de Colombia, no resulta del todo
extraño, que los adolescentes experimenten inicialmente su sexualidad
con burras. O que en la India se celebre la unión entre una mujer y un
animal macho, como parte de un ritual.
Pero si nos atenemos a los criterios de nuestra cultura tanto clásicos,
como los de por ejemplo uno de los métodos diagnósticos mas utilizados
en la actualidad, el DSM IV, este tipo de comportamientos, no pueden ser considerados
como perversos, dado que no reúnen los criterios de cronicidad, exclusividad
o preferencia y malestar significativo o deterioro de la función social.
Rafael Salamanca, en el capitulo dedicado a la sexualidad de la obra Psiquiatría;
dice: “ Podemos establecer que una conducta sexual desde el punto de vista
de la sexología es normal cuando, por muy extraña que nos parezca,
no resulta nociva somática o psíquicamente para el individuo o
para los demás.”
Ahora bien, si tomamos por caso la situación taxonómica de la
homosexualidad y otras relacionadas como el transvestismo o el transexualismo,
donde podríamos decir que se cumple el criterio a propuesto para las
parafilias por el DSMIV, no tardaríamos en vernos en dificultades.
Para comenzar, la homosexualidad no figura en el DSM IV como categoría
diagnóstica. Señal esta evidente de los cambios operados en el
contexto sociocultural.
En el año 1937, Lowie, reportó entre los indios de las llanuras
de Norteamérica, la existencia de personas que, a pesar de haber nacido
como hombres y mujeres, eran considerados socialmente como pertenecientes al
sexo/género opuesto. Estas “personas de dos espíritus”,
conocidas también como berdaches o na adleeh, en idioma navajo eran homosexuales,
se ornamentaban con atuendo femenino y su condición andrógina
los situaba en un ámbito liminal, por lo que se los consideraba detentadores
de poderes mágicos-chamánicos. Totalmente integrados a la funcionalidad
social de su comunidad, eran tenidos en alta estima y respetados. Lejos de entenderse
su condición como una regresión o un déficit, su estado
era considerado como un don.
Entre los Maoríes de Tahiti y las islas Marquesas, existen los mahu,
los hombres-mujer, inmortalizados en los cuadros de Paul Gaugin. Estos hombres
originarios, eran considerados una variante legitima de la diversidad humana,
pudiendo orientarse a la homosexualidad o permanecer castos.
Marianella Miano Borruso, en su trabajo de campo, ”Genero y Homosexualidad
entre los Zapotecos del Istmo de Tehuantepec-El caso de los Muxe”,
relata su experiencia con los Zapotecas, del estado de Oaxaca, en México.
En esta obra, la autora se refiere a la homosexualidad institucionalizada de
los muxe, hombres homosexuales con funciones socialmente reconocidas, y prestigiadas,
en una sociedad donde la mujer posee una importancia, no habitual en otras sociedades.
Así, como señala la importancia del papel femenino en la configuración
del muxe, nos dice que éste, tiene un importante rol en la construcción
de la sexualidad masculina, pues es tradicional, que un muxe, inicie en las
prácticas homosexuales a los varones entre los 10 y los 15 años.
Esto se debe aparentemente a que la virginidad de la mujer es un bien preciado
en la comunidad, y la iniciación sexual con prostitutas tiende a ser
reprobado.
La aceptación y el apoyo social al rol adoptado por los muxe, no encuentra
su contrapartida entre la mujeres lesbianas. Sorprendentemente la homosexualidad
femenina es considerada como una desviación sexual y una enfermedad,
constituyéndose en objeto de reprobación grupal.
El aspecto valorativo de las ideas de normalidad y anormalidad, varían
en las distintas culturas y en las diferentes épocas. Aunque a diferencia
de otros grupos humanos, nuestra cultura posee un subgrupo de especialistas,
la comunidad científica, abocada a la tarea del la estilización
permanente de construcciones descriptoras de la realidad, compartimos con las
otras sociedades, la necesidad ontológica de organizar nombrando, con
nuestros nombres, el mundo que nos rodea.
Bibliografia
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VIDAL,Guillermo; ALARCON, Renato D.;LOLAS STEPKE, Fernando
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Otras fuentes consultadas
Miano Borruso, Marianella; “Genero y homosexualidad entre los
zapotecos del istmo de Tehuantepec- El caso de los muxe”; http://www.isisweb.com.ar/muxe.htm
; 2001.
*Este trabajo se presentó en el Congreso organizado por APSA y APAL de
Neurociencias. Agosto 2004
E-mail:
info@enigmapsi.com.ar
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