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*EL CHAT Y EL MESSENGER: INSTRUMENTOS DE ENTRENAMIENTO EN COMUNICACIÓN PARA TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE Y BAJA ATENCIÓN
Por: Roberto Balaguer Prestes**
INTRODUCCIÓN / RESUMEN
Apenas unos años atrás la manera de contactarse de los adolescentes
-privados de la posibilidad de encuentro material- era el teléfono.
Participar de los chats y del Messenger (MSN) cumple hoy la función
de darle al adolescente la posibilidad de mantener ese contacto permanente
con sus pares. Con la pantalla encendida en forma constante, ese contacto
-que parece por momentos tomar sesgos adictivos- resulta en general
necesario para la construcción de la identidad adolescente como tal.
A través del chat el joven se instala en un lugar de pertenencia, un
espacio de referencia que brinda nuevas formas de acceso a una identidad
común adolescente.
Apenas unos años atrás la manera de contactarse de los adolescentes
-privados de la posibilidad de encuentro material- era el teléfono.
Participar de los chats y del Messenger (MSN) cumple hoy la función
de darle al adolescente la posibilidad de mantener ese contacto permanente
con sus pares. Con la pantalla encendida en forma constante, ese contacto
-que parece por momentos tomar sesgos adictivos- resulta en general
necesario para la construcción de la identidad adolescente como tal.
A través del chat el joven se instala en un lugar de pertenencia, un
espacio de referencia que brinda nuevas formas de acceso a una identidad
común adolescente.
Participar o no de estos encuentros virtuales puede ser la
clave de estar dentro o fuera de cierta realidad juvenil impregnada
y delimitada por lo tecnológico.
Si bien hay que diferenciar Chat de MSN, a los efectos de ahondar
en esta temática tomaremos al chat como sinónimo de conversación en
línea entre varios usuarios utilizando un teclado y conexión a la Red.
La diferencia sustancial entre uno y otro entorno (chat y MSN) es el
nivel de privacidad y veracidad de la información que se maneja en el
intercambio entre los usuarios.
La tecnología del chat que data de 1988, con orígen en Finlandia,
permite -a diferencia del teléfono y otras tecnologías de comunicación
anteriores- la comunicación de "muchos a muchos". Este aspecto
grupal lo diferencia claramente del teléfono -tecnología habilitadora
de un vínculo exclusivamente "de a dos". Tanto las habitaciones
virtuales destinadas a chatear (charlar en inglés) como el MSN permiten
una comunicación sincrónica entre varios usuarios, no siendo relevante
la ubicación geográfica.
En el caso del MSN sin embargo, los contactos que se establecen
son los habilitados por el propio usuario. Las conversaciones que se
generan son por conocimiento de quién está del otro lado, no por temática,
ni por casualidades de la navegación, como sucede en el chat.
Los jóvenes chateando interactúan como si hablaran entre ellos
y no como si se estuvieran escribiendo mensajes. Esto es válido tanto
para el chat como para la mensajería instantánea. La sintaxis, el estilo,
son bien cercanos a la oralidad dentro de ese espacio psicosocial, que
es un espacio básicamente de encuentro.
En las salas de chat los jóvenes se juntan para charlar desde
sus casas o las de amigos, sus oficinas o desde los cybercafés, lugares
de encuentro juveniles.
A pesar de estar hablando de chatear, de charlar en definitiva,
a través de estos nuevos entornos la palabra -en este caso escrita-
está retomando un valor que parecía haber perdido desde el surgimiento
de la televisión.
La palabra vuelve a estar escrita, aunque esta vez de una forma
más parecida a la oralidad perdida con la difusión del libro en la modernidad.
El estilo del chat se encuentra mucho más cercano al empleado
en el intercambio oral, con un gran parecido con las conversaciones
telefónicas o las físicas cara a cara.
La modalidad de escritura en el ciberespacio es una modalidad
más bien irreverente, desprejuiciada, poco formal, libre de ataduras
y estilos, en definitiva podríamos decir más posmoderna. No es de extrañarse
que hoy el chat sea señalado por parte de los docentes como otro de
los culpables de los malos hábitos de escritura de los jóvenes. La televisión
y sus tiempos abreviados, su lenguaje reducido, pasa a compartir con
los chats la culpa de la desvalorización del lenguaje escrito.
El tono utilizado generalmente en la comunicación tecleada
suele ser informal. Sus contenidos tienden a estar atravesados por lo
casual, lo lúdico, a pesar de que es utilizado también en ambientes
laborales para contactar personas separadas en lo físico.
Merece un detenimiento especial la temática de la ausencia
de determinados elementos en este nuevo modo de comunicación. La no
presencia (cuando no hay cámara) de información extralinguística: la
mirada, los gestos espontáneos, el timbre y la entonación de la voz,
etc. son elementos trascendentales a la hora tanto del malentendido
como de la desinhibición.
Esa información perdida por el medio, esa riqueza que nos brinda
la presencia, esa amplitud de tonos, matices, timbres, entonaciones
es la que aún no puede estar presente en los canales de chat y que vuelve
la experiencia de la interpretación una experiencia difícil y proclive
al error.
El poco cuidado en la escritura de las frases y la ausencia
de corrección, junto al vértigo del tempo del scroll -con las líneas
sucediéndose las unas a las otras, con saltos temáticos en lugar de
mantener el orden consecutivo y lineal característico del texto- tienden
a conducir por senderos de equívoco.
De ahí que señaláramos al chat como "paradigmático de
las comunicaciones posmodernas: informales, breves, poco comprometidas
con la interioridad de los sujetos en cuestión" (Balaguer, 2003).
En este sentido el chat carece de esa reflexividad y temporalidad que
hacían del e-mail un medio privilegiado para el encuentro sereno, pautado
por el pensamiento. Mientras el e-mail permite buscar la respuesta más
adecuada a las circunstancias que se presentan, el chat requiere de
velocidad y respuesta instintiva, impulsiva.
La sensación de inmediatez del intercambio a la vez que genera
esa sensación de "más vivo y más dinámico" (Lameiro y Sánchez,
1998) es al mismo tiempo, la responsable de esa velocidad y desinhibición
cogestoras de lo pueril. En el chat, el tiempo cuenta, el espacio para
la reflexión se ausenta, lo que no redunda necesariamente en ausencia
de contenidos, sino más bien en ausencia de mecanismos inhibitorios.
La necesidad de responder rápido y "mantener un tempo" obliga
a una respuesta veloz que va en sentido inverso al detenimiento y la
reflexividad, elementos éstos característicos del tradicional género
escrito. El chat responde a los parámetros de instantaneidad y de velocidad.
El tempo de las comunicaciones es rápido. La idea debe ser
clara, concisa, sintética. Como también ocurre en muchos videojuegos,
en el chat no hay tiempo para el despliegue reflexivo. Este tipo de
charla requiere de conexión y capacidad de mantener la atención ajena,
ya que el caso contrario puede significar el fin del intercambio.
La gramática, la sintaxis, la ortografia pueden esperar. Lo
central es transmitir y ser eficaz en la comunicación. Se debe intentar
ser comprendido ya sea con palabras, con íconos, emoticones o lo que
esté a mano. El chat opera como un instrumento de entrenamiento en la
comunicación eficaz en tiempos de atención lábil. Utilizando la menor
cantidad de elementos, palabras, signos, se debe intentar transmitir
la idea central. Hay que evitar la caída de la atención y transformarse
en objeto de zapping.
Muchas veces los jóvenes deben recurrir al teléfono para verificar
que aquello que entendieron a través del chat, concuerda con las intenciones
de su interlocutor. Los medios se complementan a efectos de obtener
mayor inteligibilidad. Las palabras que antes eran "llevadas por
el viento" hoy son pasibles de ser guardadas en el disco duro,
ser impresas y utilizadas de todas las formas posibles en la cotidianeidad.
Lo que en principio puede ser sólo una broma, puede eventualmente transformarse
en una pesadilla para alguien dispuesto a hacer mal uso de ese registro.
El chat es provocativo de la "lluvia de ideas", tiende
a liberar los comentarios, permitiendo por tanto que puedan surgir en
su uso tanto chispas creativas como comentarios banales y fácilmente
olvidables. Esa liberación desinhibida que brinda el chateo, muchas
veces provoca sinsabores al salir de la conexión, donde la realidad
impone límites y sacrificios a los impulsos.
El anonimato del chat
El anonimato es un aspecto de la comunicación electrónica que
se observa en el chat, no así en el MSN. Si hay algo que caracteriza
al chat es la desinhibición y si existe algo que la alienta es el anonimato,
que si bien no es un elemento siempre presente en Internet, es quizás
uno de los puntos más atractivos del chat para muchos de sus usuarios.
A pesar de que uno podría pensar a los jóvenes como principales usuarios
de esta característica de búsqueda, pareciera ser que son los adultos
jóvenes quienes más hacen uso de esta veta comunicativa. Los más jóvenes
en general prefieren estar en contacto con los amigos, sus conocidos
cercanos a través del MSN. Cuando entran al chat suelen hacerlo grupalmente
y en una forma muy lúdica (Albero, 2002).
En el caso del chat el desconocimiento de quién está detrás
de un nick permite el despliegue de aspectos de la personalidad que
en la vida diaria, ordinaria, no son puestos en juego. Los usuarios
crean un personaje, con su respectivo nombre, lo actúan, e interactúan
a través de él con otros usuarios ya sean éstos conocidos o no.
Los nicknames permiten a los sujetos "esconderse tras
ellos" y en ese corte con la cotidianeidad del nombre y la identidad,
establecen a través de la red, un juego con la identidad, viviendo una
nueva vida a través de un "personaje". A través de esa suerte
de disfraz, de escondite, se posibilita un paréntesis en lo de todos
los días y sobre todo con las expectativas, con lo que se espera de
uno, las exigencias sociales.
A diferencia de lo que ocurre en la vida cotidiana con la consecuente
identificación de la persona por su cara, cuerpo, andar, voz, gestos,
materialidad, etc. en el ámbito del ciberespacio se encuentra el polo
antagónico del anonimato.
La lejanía, el ser un "desconocido" alimenta estas
fantasías y habilita a la acción que no se podría llevar a cabo en el
contexto de la cotidianeidad, donde se es fácilmente identificable.
El anonimato brinda refugio y descanso de las reglas sociales
que operan como tensión para el individuo que debe aceptarlas para no
quedar excluído de lo social. Es un paréntesis en la vida ordinaria,
un corte con el funcionamiento del día a día.
El anonimato por su parte, libera al individuo a la vez que
lo deja a merced de sí mismo. Sólo debe rendir cuentas a su propia persona,
ya no al grupo ni a la comunidad. Todos sus impulsos, sus pulsiones,
quedan liberadas de la tiranía del mundo externo. El interjuego de su
mundo interno determinará el destino de sus actos. Las restricciones
culturales, morales, sólo pasarán a operar desde su mundo interno. El
Superyo, una de las dos fuentes de tensión que Freud (1923) describiera
con sus preceptos morales, sus restricciones, su tiranía, no encuentra
correlato en la realidad externa, quedando entre paréntesis en la situación
de anonimato.
Ese personaje creado y actuado genera en los otros ciertas
expectativas y co-construcciones y el ser descubierto por el otro, aunque
sea a nivel textual, lleva a que debamos hacernos cargo de nuestros
actos, de la culpa eventual o la vergüenza concomitantes.
En este contexto no es la mirada real la que descubre, la que
está en juego, sino la mirada fantaseada, anticipatoria de las posibles.
¿Qué pasaría en caso de ser descubierto en esta farsa? Si eso sucediera
¿cómo haría para poder mirar a mi interlocutor a los ojos?. La vergüenza
es real, no virtual. Los afectos no conocen de bites.
Esto nos lleva a pensar en la importancia clave de la mirada
del otro y la culpa o vergüenza (dependiendo de cada cultura) con la
que debe enfrentarse el sujeto cuando se maneja en interacciones tanto
virtuales como reales. Siguiendo a Goffman, Freud o Foucalt y los controles
sociales -en el caso de este último autor cuando alude al archifamoso
Panóptico de Bentham- es claro que es la mirada del otro la que posee
un peso enorme para las acciones del confinado a prisión. El ciberespacio
justamente permite eludir esos controles sociales, la mirada censurante
y su consecuente culpa o verguenza.
¿Para qué sirven los personajes del
chat?
En esta parte nos referiremos exclusivamente al chat ya que
es en ese entorno donde hay desconocimiento de quién está detrás del
nick.
Las salas de chat brindan la posibilidad de actuar un personaje
creado para la ocasión. Ese personaje puede ser un aspecto real de la
personalidad difícil de ser desplegado en la cotidianeidad, una arista
que el sujeto quiere explorar, etc.
En este último sentido son los aspectos agresivos y los eróticos
los que tienden a aparecer con gran frecuencia en las habitaciones virtuales.
Lo cierto es que los chats permiten poner en escena aristas
de la propia personalidad que son difíciles de ser presentadas en la
vida pública. Muchas veces el juego en el chat abre a escenarios de
puesta en práctica de aspectos que tiempo después serán llevados a la
cotidianeidad. Más que un "recreo" al decir de Reid (1991)
en este caso sería un "entrenamiento" previo a llevarlo a
la práctica en la llamada vida real.
Este poner en escena un personaje "es un modo de acentuar
o recrear personalidad, de compensar aquellos que se viven como defecto
o limitación y también de expresar las tendencias inhibidas habitualmente"
(Lameiro & Sanchez, 1998).
Algunas de estas identidades "construídas" son mantenidas
a lo largo del tiempo, otras duran tan sólo el tiempo de una conexión.
Aspectos temidos, que no pueden integrarse a la personalidad
global del sujeto en su accionar diario, a veces logran ser desplegados
en un chat como modo de observar y estudiar las reacciones de los otros.
Es aquí donde Turkle (1995) asimila este juego con la identidad a la
psicoterapia, cuando este aspecto puede ser integrado a la personalidad
y no sólo jugado. Muchas veces todo esto implica un largo y duro proceso,
y angustias tanto reales como virtuales.
Muchas veces ese personaje creado reviste características de
ideal. Las personas arman su personaje con lo mejor de sí mismos y de
sus ideales. Esas presentaciones ideales suelen ser causantes de las
decepciones posteriores cuando se dan encuentros cara a cara (Donath,
1996; Gwinnell, 1999) y la realidad no concuerda con la virtualidad.
Jugando con la incertidumbre
Se dice que vivimos tiempos donde nada es para siempre, todo
tiende a transformarse y las cosas pueden cambiar en el momento más
inesperado. Si esto es así, en las habitaciones de los chats se juega
con ello, como en una suerte de entrenamiento para estos tiempos de
incertidumbre.
Hemos entendido a los chats como una forma de tornarse activos
frente al vértigo y al devenir incesante y a la pérdida de referentes
claros para pasar a "jugar" activamente con esta realidad
que nos toca vivir. Lo inesperado, lo incierto -característico de nuestros
días- encuentra su referente lúdico en el chat donde los personajes
pueden sentirse activos en los sucesos que van re-creando.
Los personajes entran y salen, irrumpen y desaparecen muchas
veces sin dejar rastros, anónimos, sin sustancia.
El yo del sujeto moderno está saturado de relaciones y el cielo
del chat se aclara con esta cantidad de estrellas fugaces, personajes
efímeros, que irrumpen y pasan desconcertando a muchos y dejando una
estela de reconocimiento de lo vertiginoso del paso del tiempo.
Muchas veces prima la subjetividad del instante, la conexión
de descarga, la catarsis de la vida "sobremoderna" con sus
excesos y sus penas.
Surge a través de estos contextos electrónicos una subjetividad
que se define en una reafirmación del instante, del ahora. Lo que cuenta
es el presente.
En el chat no hay intención de ligar la acción desplegada a
ningún aspecto de la personalidad. No hay aquí una continuación de identidad,
ni la menor intención de hacerlo. Lo que se busca es muchas veces la
satisfacción de los impulsos que se ve facilitada por este nuevo medio.
Por todo ello nos hemos referido siempre al chat como un lugar
privilegiado para poner en juego esa plasticidad de la que habla Gergen
(1997), esa capacidad de transformarse tan necesaria para poder caminar
por el siglo XXI.
En pocos lugares se puede visualizar tan claramente el llamado
proceso de autofabricación del yo y de búsqueda de identidad. Es en
estos entornos electrónicos en donde las personas pueden darse un respiro
y dedicar tiempo y energías a controlar sus vidas escenificadas. Es
en estos nuevos lugares de encuentro donde la gente se anima a desplegar
aquellos aspectos de la personalidad olvidados en la cotidianeidad.
De allí el imán para la adicción que puede resultar.
En el chat jamás puede uno estar seguro que el otro es quien
dice ser; la incertidumbre es total. Las identidades son cambiantes
y los usuarios están permanentemente jugando con algo que desde la sociología
es considerado clave en la sociedad actual: la búsqueda de la identidad
como un proceso inacabable y los sujetos dirigidos hacia una identidad
buscada pero nunca alcanzada (Bauman, 2001).
¿Qué mejor lugar que el chat para poner en juego en un "como
si" esta situación de estructuración identitaria autónoma?
Este entorno de Internet es un nuevo espacio psicosocial en
donde de alguna forma se puede lidiar con la vertiginosa realidad de
nuestros días, movediza, veloz e incierta como un chat.
Las transformaciones permanentes, requerimiento esencial de
nuestros días, se escenifican en los chats donde a través de lo lúdico
se elaboran las nuevas demandas socioculturales de reingeniería permanente.
¿Cuál es el juego aquí? El juego con la identidad. Es la posibilidad
de recreación de la misma una y otra y otra vez.
Se intenta elaborar entonces a través del juego la imposibilidad,
la premura de los cambios que atentan contra la identidad y los tiempos
de asimilación de los cambios.
El juego permite en cierta manera una elaboración de esto,
permitiendo que lo vivido pasivamente se actúe activamente.
¿Qué pasa con el Messenger?
En el MSN no hay desconocimiento de la identidad del otro,
no hay anonimato. Recordemos que los contactos del Messenger son contactos
que de alguna manera están habilitados para formar parte de la lista
del usuario. Es una tecnología que incorpora el control sobre lo inesperado.
No es controlable lo que el otro pueda decir o hacer, pero sí de quién
queremos recibir o no comunicaciones, para quién estar disponible. El
Messenger al igual que el chat, representa una compañía omnipresente,
latente. En el caso del chat es la posibilidad de contactar, conocer,
manejarse en ese entorno, una continuidad de conexión con el mundo.
El MSN brinda la posibilidad de contactarse con los amigos, conocidos,
los contactos elegidos, los referentes escogidos. Es a la vez marcar
presencia en la Red, determinando su estatus de presente-ausente, generando
existencia.
El MSN más que abrir al mundo impersonal, a la exploración
como el chat, habilita a la conexión con los contactos, a dar señales
de presencia en el espacio psicosocial de la Red. El MSN tiene mayor
intimidad, privacidad. Otorga la sensación de "estar ahí y presente",
a salvo de las soledades en la conexión con los pares.
El MSN en lugar de habilitar a la salida, al espacio público
del chat promueve espacios reducidos de intercambio. Más que de exploración,
se trata de intercambio, presencia, compañía permanente.
Bibliografía
Albero, M. (2005), "Adolescentes e Internet. Mitos y realidades
de la sociedad de la información" (1) en Zer. Revista de estudios
de comunicación, mayo 2005
Balaguer, R. (2003) Internet: un nuevo espacio psicosocial,
Montevideo: Ed. Trilce
Bauman, Z. (2001) En busca de la política, México: Fondo de
Cultura Económica
Donath, J. And Robertson, N.,(1994)
"The sociable web" Procedings of the 2nd International World
Wide Web Conference, Chicago. Disponible en : http://judith.www.media.mit.edu/SocialWeb/SociableWeb.html.
Gergen, K. (1991) El yo saturado, Buenos Aires: Paidós, 1997
Gwinell, E. (1998) El @mor en Internet Barcelona: Ediciones
Paidós, 1999
Lameiro, M. & Sanchez, R. (1998) "Vínculos e Internet
Investigación cualitativa acerca de nuevas formas de vincularse"
Disponible en: http://www.mdp.edu.ar/psicologia/psicomdp/vinculos.htm#a25
Reid, E. (1991) "Electropolis:
Communication and community on internet relay chat". Thesis, Dept.
of History, University of Melbourne.
9. Turkle, S. (1995) La vida en pantalla: La identidad en la
era de Internet, Barcelona: Paidós, 1997
* Publicacion original: Balaguer Prestes, Roberto, 2005, "El
chat y el Messenger: instrumentos de entrenamiento en comunicación para
tiempos de incertidumbre y baja atención". Ponencia presentada
en el marco de las VIII Jornadas de AIDEP, The British Schools, Montevideo,
2005. Disponible en el ARCHIVO del Observatorio para la CiberSociedad
en http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=209
** Email: rbalaguer@prored.com.uy
E-mail:
info@enigmapsi.com.ar
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2002-2008 Editor Responsable: Lic Sonia Cesio ISSN 1853-1849 |